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martes, 17 de octubre de 2017

El atormentado Martín Lutero

Las comunidades cristianas nacidas de la Reforma Protestante están convocando, por todo el mundo, a celebrar la ruptura que tuvo Martín Lutero con la Iglesia Católica. El hecho simbólico del inicio del protestantismo son las 95 tesis que, como protesta, Lutero dejó clavadas en la puerta de una iglesia de Wittemberg, Alemania, el 31 de octubre de 1517.

Mientras que los luteranos y sus miles de comunidades derivadas lo celebrarán con júbilo, los católicos, lejos de felicitar a los protestantes, lamentamos profundamente lo ocurrido hace cinco siglos. Creemos que el mundo hoy marcha bastante mal a raíz de aquella ruptura que dividió la unidad de la única Iglesia fundada por Jesucristo.

Entendamos el origen de la fractura entre el primero de los protestantes y la Iglesia Católica. En aquel tiempo Lutero, quien fuera monje agustino, se hacía varias preguntas: ¿cómo se puede entender esa acción misteriosa y real de la gracia santificante de Dios en el hombre embargado por el pecado?, ¿cómo la Iglesia puede transmitir, sin errores, el mensaje de la salvación?, ¿por qué es necesaria la mediación de la Iglesia?

Los católicos anteriores a Lutero y los de los siglos precedentes, no hemos tenido ninguna dificultad con estas preguntas. Creemos que el hombre fue creado con libertad para responder a Dios, y si el pecado entró en el mundo –con todas sus consecuencias de sufrimiento y muerte– fue por la rebeldía de los hombres contra Dios. A pesar de ello, Dios no abandonó al hombre sino que envió a su Hijo Jesucristo como víctima para reparar los pecados de la humanidad y para fundar una sola Iglesia bajo la guía de san Pedro y sus sucesores, los papas. De esta sencilla manera los católicos armonizamos la Creación y la Redención, la gracia y la libertad, y creemos que sólo en la Jerusalén celestial -Iglesia en la gloria y libre de pecado- esta obra divina en los hombres llegará a su plenitud.

Lutero no lo creía así. Era un hombre atormentado por el peso del pecado. Experimentaba la rebeldía de la carne y no podía encontrar la paz del alma. Su director espiritual le aconsejó sabiamente que se abandonara a la Providencia y a la Misericordia infinita de Dios. Pero Lutero quería llegar, a toda costa, a tener evidencias, verdades absolutas a las que adherirse con todo el corazón. No aceptaba que el hombre en la tierra debiera caminar entre luces y oscuridades. Esto hizo que se apartara lentamente de los misterios de la fe católica.

En cierta ocasión dijo a la autoridad romana: “A menos de ser convencido por pruebas de la Escritura y por razones evidentes –pues no creo ni al papa, ni a los concilios solos, los cuales es cierto que se han equirocado con frecuencia y se han contradicho–, me encuentro ligado por los textos que he aducido, y mi conciencia está cautiva en las palabras de Dios. Ni puedo ni quiero retractarme, porque no es ni seguro ni conveniente ir contra la propia conciencia”.

Lutero consideraba que la conciencia moral personal del hombre era absoluta, y este fue su error. Él rechazaba los canales ordinarios por los que Dios comunica sus planes. La Iglesia Católica sigue y seguirá afirmando que Dios ha dejado, de manera objetiva, estos conductos que son, principalmente, los sacramentos por los que el hombre se afianza en la vida interior, y el Magisterio de la Iglesia como guía segura para el Pueblo de Dios.

El atormentado monje, prisionero de su conciencia subjetiva, concluyó que el hombre pecador nada podía hacer para salvarse. Y afirmó que Jesucristo ya había sufrido para perdonar nuestros pecados y darnos la salvación. Para que el hombre se salvara, bastaba que, por medio de la fe, se le aplicaran los méritos de Jesucristo.

Lutero creía que la naturaleza humana estaba totalmente corrompida por el pecado; decía que el hombre no tenía libertad para vencer sus tentaciones, y negaba la gracia de los sacramentos. Jesucristo podía perdonarlo y salvarlo, pero no quitarle el pecado. La Iglesia, por lo tanto, ya no era necesaria. Bastaba la sola fe y la libre interpretación de las Sagradas Escrituras para iluminar la conciencia y ordenar la propia vida. En eso, según él, estaba el Espíritu Santo. A propósito escribía Leonardo Castellani: “Desde que Lutero aseguró a cada lector de la Biblia la asistencia del Espíritu Santo, esta persona de la Santísima Trinidad empezó a decir unas macanas espantosas”.

Castellani tiene razón. Las comunidades cristianas nacidas de las ideas de Martín Lutero se fueron fragmentando por predicar enseñanzas contradictorias entre sí. Lutero, Calvino, Zwinglio, más tarde Enrique VIII, todos se proclamaban los auténticos reformadores cuando lo que hicieron, en realidad, fue atomizar el cristianismo. Tras la obra de aquellos reformadores, ¿dónde quedó la unidad querida por Cristo? ¿Dónde la única y verdadera Iglesia? 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Confesionario sin absolución: Mi hermana sale de su cuerpo para viajar

La pregunta: Hola padre, buenas tardes, acudo a usted en busca de un consejo; no sé qué hacer, tengo una duda muy grande. Una de mis hermanas asegura que puede ver espíritus, adivinar cosas que ocurrirán o saber qué nos duele físicamente, tan sólo con vernos. También dice que puede curar y salirse de su cuerpo, viajar y visitarnos, ver cómo estamos y muchas cosas más. Yo tengo miedo porque no sé qué creer, y no quiero faltarle a Dios. Pero mi hermana es una persona seria, que no creo que me esté engañando, no sé qué pensar o cómo actuar.

Padre Hayen: ese tipo de facultades que dices que tiene tu hermana, se llaman ‘fenómenos místicos extraordinarios’. No sé qué grado de unión haya alcanzado tu hermana con Dios, pero cuando una persona ha llegado a altos niveles de contemplación a través de la oración, de la caridad y la unión con el Señor, esos fenómenos pueden ocurrir. Así sucedió en la vida de grandes místicos como santa Gema de Galgani, san Juan de la Cruz o santa Teresa de Ávila. ¿Habrá llegado tu hermana a esos niveles de mística cristiana? Si no es así, lo más probable es que se trate de una psicología perturbada, o de fenómenos diabólicos.

Pronosticar hechos futuros y salir del cuerpo para viajar apunta más al esoterismo que a vida cristiana. En el mundo esotérico se habla de viajes astrales y de visiones del futuro. Pero nos preguntamos, ¿qué utilidad puede tener un viaje astral y la adivinación para la edificación del Reino de Dios? Ninguna. El futuro sólo pertenece a los secretos de Dios y nadie puede conocerlo. Es cierto que han habido santos, como san Juan Bosco, que tuvo sueños y profecías pero, repito, Dios lo concede raramente a personas santas y para la salvación de las personas.

El viaje astral es una experiencia en aquellos que padecen algún desorden emotivo. Muchas personas en estado de duermevela sienten que caen en el vacío o que salen fuera del cuerpo. Pueden escuchar voces y ver diversos seres.

Estos fenómenos son sólo proyecciones de la mente y no hechos reales. Son un autoengaño. Suelen ocurrir cuando la persona va saliendo del sueño profundo hacia el estado de conciencia. Ahí se puede tener la sensación de ver el propio cuerpo como una realidad separada. Todo queda como una experiencia subjetiva, es decir, queda sólo dentro del sujeto que tiene esas sensaciones. Es muy posible que la causa sea haber visto películas fuertes, la sugestión mental o haber entrado en el mundo esotérico.

La bilocación, en cambio, es un fenómeno místico auténtico y objetivo. Hay personas que vieron a algunos santos en algún lugar, cuando de manera simultánea se hallaban en otro sitio. San Martín de Porres tenía este don, así como también san Pío de Pietrelcina y sor María de Ágreda, la monja española que visitaba a los indios de Nuevo México en el siglo XVII para evangelizarlos, cuando ella nunca dejó su convento en España. La bilocación es un hecho objetivo, real y con testigos, mientras que los viajes astrales son sólo subjetivos e irreales.

Si una persona trata de salir de su cuerpo o hacer curaciones con el poder de la mente; si creyéndose médium trata de contactar a espíritus, que son los muertos, únicamente se sugestionará. Si persiste en ello, probablemente desarrolle enfermedades mentales como la esquizofrenia, o bien se expone a ser perturbada por demonios. El espiritismo es un fraude y su práctica es un pecado contra el primer mandamiento, que nos invita solamente a confiar en Dios.

Si tu hermana es humilde y quiere poner toda su confianza en el Señor, ella misma debe pedir a Dios que la aleje de esas experiencias. Nuestra relación con Dios, aquí en la tierra, es a través de la fe y no por medio de visiones, apariciones y mucho menos por viajes fuera del cuerpo. Lo que eleva nuestra condición humana es ejercer la conciencia, la inteligencia y la voluntad. No se entiende entonces cómo las experiencias hechas en la semi-inconsciencia pueden elevar al hombre. Por eso hemos de evitarlas y huir de ellas.

Por último te aconsejo que no des tu asentimiento a lo que te dice tu hermana. Es peligroso porque puedes empezar a poner tu fe y tu confianza, más en lo que ella te dice que en el mismo Dios. Si no quieres terminar confundida, cree a Dios y a la Iglesia, no a las experiencias de tu hermana. Aconséjala que consiga un sacerdote que pueda ser su director espiritual para discernir bien qué es lo que le sucede y ore por ella.

A ti, que Dios te mantenga en el camino de la fe a través de la oración, la catequesis y la caridad a tus hermanos, y que Santa María interceda por ti.

Trigo y Cizaña

Murió el creador de Playboy
Hace unas semanas murió Hugh Hefner, el magnate creador de la revista Playboy. Cuando Hefner publicó su primer ejemplar de la revista en 1953, la estrategia era llevarla a los distribuidores como pornografía ligera, e introducirla al mercado como una revista de estilo de vida. Así comenzó un cambio cultural en la imagen pública de la pornografía. Para el lector, las fotos de mujeres desnudas eran uno de los muchos atractivos de la publicación. Leer Playboy era pertenecer a una élite cultural que discutía sobre filosofía y consumía alimentos de la clase media alta. El objetivo era introducir la pornografía como algo socialmente aceptado para acabar con una sociedad a la que se consideraba sexualmente reprimida.

Hugh Hefner contribuyó a abrir a la sociedad al mundo del porno y, con ello, a empujar a la humanidad hacia la adicción a esta actividad. Para muchos, la obsesión con la pornografía empezó por hojear un ejemplar de Playboy y continuó con imágenes más fuertes. Hoy millones de adictos sufren por no tener la fuerza de voluntad para regular sus deseos, impulsos y pasiones, y son incapaces de integrar la sexualidad con el amor verdadero. Una sociedad de personas maduras, felices y familias fuertes nunca será una sociedad donde abunda la pornografía y el vicio.

Recuperar el centro histórico
Los gobiernos estatal y municipal han determinado que el rescate del centro histórico de Ciudad Juárez es un proyecto de primera importancia. Urge hacerlo, porque durante las últimas décadas hemos visto un interés exclusivo de los gobiernos por promover el desarrollo económico. Muchos juarenses observamos con pesadumbre que, justamente por alentar sólo la economía, no se le da importancia a la preservación de los edificios históricos y espacios públicos como parte del fortalecimiento del amor a nuestra tierra. Los inmigrantes son una riqueza pero también son un reto para despertar en ellos el cariño y el arraigo en Ciudad Juárez. A ello contribuye el rescate del centro histórico.

Cuando visitamos una ciudad descubrimos la personalidad que esta tiene a través de su centro histórico. El cuidado a sus monumentos, a sus edificios y sus plazas refleja el amor de un pueblo a sus raíces. Ahí están las huellas de los sacrificios de grandes personajes que ennoblecieron su historia. Ahí están las plazas como lugares de encuentro y convivencia, y las catedrales y las iglesias que indican el destino final y trascendente del pueblo. Quienes amamos a Ciudad Juárez por lo mucho que nos ha dado, hemos de pedir insistentemente a los gobiernos el rescate del centro histórico, porque sólo alimentándonos de nuestras raíces, podremos construir el futuro.

Niños y el lado oscuro de internet
Cuando éramos jóvenes, nunca imaginamos que existiría el mundo digital. En pocos años internet ha transformado nuestro ambiente, la forma en que nos comunicamos y vivimos. El mundo digital fascina y maravilla a todos, pero también provoca temor y miedo por los problemas que plantea. Son 800 millones de menores los que hoy navegan en la red. Ellos tienen acceso a imágenes pornográficas cada vez más extremas. Ha crecido el fenómeno del intercambio de fotografías de desnudos que ellos mismos se toman. Y hay también personas que se comunican con menores con fines sexuales. En el mundo digital existen redes de prostitución, de tráfico de personas, escenas en vivo de violaciones y violencia contra menores. Este es el lado oscuro de internet, donde el mal actúa y se expande con eficacia.

Ante todo ello, estamos llamados a movilizarnos juntos. No subestimemos el daño que el lado oscuro de internet puede hacer a los niños. Tampoco es suficiente poner filtros para bloquear imágenes en las pantallas. Los delitos en la red deben ser combatidos por la policía y todos debemos cooperar con ello. Pero los retos más grandes son para los padres, maestros y líderes espirituales de los niños. Solamente si los educan en el uso correcto de su libertad, en la formación de la conciencia moral, en el fortalecimiento del carácter y el autodominio, internet será un instrumento para el desarrollo de su personalidad y no una herramienta que perjudique gravemente sus vidas.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Trigo y cizaña

Masacre en Las Vegas

La noche del 1 de octubre fue de terror en Las Vegas Nevada. Una persona vació su arsenal de armas de fuego contra los asistentes a un concierto, desde el piso 32 de un hotel. Fueron 59 los muertos y más de 500 los heridos. Nos parece inaudito que una persona se atreva a abrir fuego contra una multitud, pero también resulta increíble que las leyes de Estados Unidos pongan tan pocas restricciones a quienes compran armas de fuego.

Detrás de esta facilidad para adquirir armamento, está la segunda enmienda de la Constitución estadounidense, que proclama el derecho que tienen los ciudadanos a tener armas de fuego. Pero también está la poderosa Asociación Nacional del Rifle, organización que defiende a capa y espada la segunda enmienda.

Nos preguntamos si en una sociedad que sufre por constantes masacres en las calles, restaurantes, aeropuertos, escuelas, campus universitarios, parques y salas de concierto, deben continuar vendiéndose armas de fuego a todos, o si el derecho a tener armamento debe ser restringido sólo a personas que demuestren que son responsables, que no tienen antecedentes penales, que no utilizan drogas y que pueden controlar sus emociones.

No importa que la Asociación Nacional del Rifle ayude a financiar campañas electorales. Tanta sangre vertida inútilmente exige que el bien común y la seguridad de los ciudadanos estén por encima de cualquier interés político y económico.

Misterio de la vida y de la muerte

En las últimas semanas hemos visto cercano el espectro de la muerte. Los huracanes y los sismos, eventos naturales, segaron muchas vidas. La masacre de Las Vegas, acontecimiento provocado por el pecado, acabó de pronto con la existencia de 59 personas. Quienes se levantaron el 19 de septiembre para vivir sus habituales ocupaciones no se imaginaron que aquel sería su último día. A quienes fueron a disfrutar de un concierto de música country no les pasó por la cabeza que una lluvia de plomo los despediría de este mundo para enviarlos a la eternidad.

¡Qué misterio es estar en el tiempo! Si nos dijeran que dentro de una hora vamos a morir, ¿qué haríamos? ¿cómo reaccionaríamos? Quizá nos pondríamos a hacer algo para lo que nunca tuvimos tiempo. Delante de la muerte y la eternidad, tantas cosas a las que dimos importancia, de pronto, nos parecerían irrelevantes. Y algunas otras, a las que no prestamos atención, nos parecerían fundamentales. La inminencia de la muerte nos llevaría a lo esencial. Tal vez iríamos a reconciliarnos con alguien, quizá suplicaríamos un poco más de tiempo para estar y abrazar a la familia. O nos lamentaríamos de no habernos acercado más al misterio de Dios.

Recordemos siempre que estar en el mundo es un gran regalo, y que vale más veinte años de amor, que noventa y cinco de vida inútil.

Consumo de cristal entre menores

Los menores de edad se están drogando más que antes. El consumo de cristal ha aumentado hasta en un 60 por ciento en menores de entre 12 y 14 años, en el último año. Así lo ha dicho la Mesa de Prevención de las Adicciones en el Programa Todos Juntos por Chihuahua. Los expertos dicen que los adolescentes tienen serios problemas familiares y psicológicos que los llevan al uso de las drogas.

Nuestra cultura no ayuda a que los jóvenes no se droguen. En la cultura del consumo en que vivimos, muchas personas no pueden percibir cuál es el sentido de su vida y dónde está su destino vital. Las aspiraciones a una vida plena se reducen a vidas que sólo buscan los tiempos de ocio y de consumo. Muchos jóvenes no se sacrifican para un futuro, sino que viven sumergidos sólo en el presente. Su aspiración se ha vuelto solamente terminar el tedioso trabajo, para vivir el fin de semana. La finalidad de sus vidas es sólo la diversión y el espectáculo.

Cuando no se tiene algo grande por lo que valga la pena vivir y sacrificarse, la vida se vuelve angustia y ansiedad. Para llenar este vacío, una gran tentación son las drogas. Mostremos a los jóvenes que sólo cuando se abraza un gran ideal, la vida es una aventura estupenda que tiene sentido.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Dios y el diablo después del temblor


Los temblores en el centro y sur del país invocaron a Dios y al diablo. Lo mejor y lo peor de los corazones de los mexicanos quedó de manifiesto. Ha sido admirable la entrega de miles de personas que, movidas por amor a los hermanos atrapados entre los escombros, se volcaron a las calles para salvar el mayor número de vidas posible. Maravilloso ha sido ver el México solidario que dejó ver sus raíces cristianas. Pareciera que la frase de Jesús: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, resonó en el inconsciente colectivo y movió corazones y manos a la obra.

Conocemos historias heroicas de laicos, pero estas son algunas de sacerdotes que no salieron en los periódicos. Cuenta Felipe Pozos Lorenzini, obispo auxiliar de Puebla, que hubo curas en aquella arquidiócesis que expusieron sus vidas por salvar a los fieles: el padre Humberto Victoria, mientras celebraba la misa en Coyula con templo lleno, esperó a que todos salieran, y sólo cuando se aseguró que todos estaban fuera, empujó y cargó a una anciana y, al salir, el templo se desplomó.

El padre Néstor, vicario de Chietla, celebraba la misa en Atzala y, justo en el momento del “Señor ten piedad” comenzó el sismo. El padre pidió a los fieles abandonar el templo. Junto a él estaban dos personas. Sólo ellas y el sacerdote sobrevivieron. La torre cayó sobre la bóveda y la desplomó. El sacerdote ayudó al padre herido de una niña que iba a ser bautizada. Ayudó también a un moribundo que falleció en el atrio, ayudó a sacar los cuerpos de los difuntos, manchándose la ropa con la sangre de los fieles. Por la noche él y su párroco acompañaron a los deudos.

Cuando la tierra temblaba, el padre César Andrade entró en el templo para avisar al sacristán y al hijo de éste que abandonaran la iglesia. En ese momento la tocó presenciar el desplome de la cúpula dentro del templo. Mientras tanto el padre Pedro Tapia, a una semana de tomar posesión de su parroquia, tuvo que sepultar a once fieles y sostener a la comunidad brindándole esperanza y consuelo.

Son miles las historias trágicas y de heroísmo silencioso de laicos y sacerdotes que arriesgaron su vida para salvar la de los demás. Son historias que no conocemos y que solamente Dios conoce. Será el Señor quien un día les otorgue una gran recompensa. Leer estas historias nos hace sentirnos orgullosos de pertenecer a la raza humana, que es capaz de grandes actos heroicos.

Sin embargo también el temblor trajo el olor del azufre. Aparecieron las más grandes vilezas de nuestra condición humana. En medio de la desgracia, los asaltos se dispararon en la Ciudad de México. Aprovechando que los cuerpos policiales estaban ocupados en las labores de rescate, ladrones y mal vivientes sacaron sus armas y se dedicaron a robar a punta de pistola a quienes encontraban en la calle. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Por su parte, el obispo de Cuernavaca, monseñor Ramón Castro y Castro, denunció públicamente que el gobierno perredista de Morelos, obligó a tres camiones de la agencia humanitaria Cáritas -organismo de la Iglesia Católica- que iban cargados de víveres al centro de acopio instalado en el Seminario, a llevar toda la mercancía al DIF, para que este organismo fuera el único que distribuyera las ayudas. El hambre de adoración de la Bestia es insaciable. Estas viles acciones de oportunismo político son hoy la vergüenza de nuestra nación.

El demontre también se apareció después del temblor en grupos religiosos, incluso católicos. Hoy circulan en las redes sociales mensajes de terror que vociferan que Dios está furioso y que está castigando al mundo por sus pecados, a través de huracanes y terremotos. Pude ver un video en el que habla un sacerdote y una religiosa que, según ellos -¡ja!- tienen conexión directa con Dios Padre, quien les ha revelado que vendrán peores calamidades al mundo si los hombres no se convierten. Hablan de temblores de decenas de puntos Richter y del estallido de todos los volcanes de México.

¿Cuándo entenderán esos profetas de desventuras que Dios es amor, y que su misericordia se extiende por toda la creación? ¿Cuándo comprenderán que, ante los pecados de los hombres, Dios no mandó castigos como venganza, sino que entregó a su Hijo unigénito, para salvar al mundo? Somos los cristianos quienes hemos recibido el don y la responsabilidad de transmitir la Buena Nueva del Evangelio, y no la horrible noticia de la venganza de Dios. No seamos como la ingenua Eva, quien fue seducida por la serpiente antigua y creyó que Dios no podía ser tan bueno.

Dios y Satán han sido los personajes silenciosos después de la tragedia. En medio del dolor, repudiemos el azufre y aspiremos el olor suave de las rosas a través de tantas obras de caridad, de confianza en la bondad infinita de Dios en medio de la tribulación, y de los gestos heroicos de muchos mexicanos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Las llagas del Crucifijo, vivas en México


Justamente el 19 de septiembre, 32 años después del gran terremoto de 1985, tembló la tierra en la capital del país y en los estados circunvecinos. La reacción de los capitalinos fue asombrosa. La ciudad se movilizó con brigadas de rescate brindando todo tipo de ayuda para sacar de los escombros a los sobrevivientes. Miles de personas por toda la república también se han volcado a los centros de acopio para enviar camiones cargados con víveres, medicinas y agua.

La Iglesia en México también ha reaccionado, y hoy convocan los obispos y sacerdotes a todos los fieles católicos a dar su aportación para la colecta especial que se hará en las parroquias, este próximo domingo. Mientras que las ayudas en especie enviadas al centro del país serán para aliviar el dolor a corto plazo, la colecta nacional de los católicos beneficiará a los damnificados a mediano plazo, es decir, será una ayuda económica para la reconstrucción de sus viviendas.

Hay quienes afirman que los temblores en México, además a los huracanes que han golpeado severamente al Caribe y a regiones del sur de Estados Unidos, se deben a un castigo de Dios debido a los malos tratos que damos al planeta. Sabemos que esas hipótesis son falsas. Sólo quienes no se han acercado a la Revelación divina pueden creer que, allá arriba, vive un Dios colérico que nos observa con lupa para enviarnos calamidades porque ya no soporta la mala conducta de los hombres.

A nivel geológico las placas tectónicas de los continentes se acomodan causando terremotos, y los huracanes se forman por las corrientes de aire y la temperatura de los mares. Tenemos que adaptarnos, entonces, a vivir en estas condiciones, y nadie puede descartar que sigan existiendo tsunamis, tornados, ciclones y sismos. Estos fenómenos forman parte de una naturaleza que está herida y que gime -como lo afirman san Pablo en su Carta a los Romanos- como con dolores de parto.

Los cristianos no nos limitamos a leer únicamente los fenómenos de la naturaleza desde una visión materialista de la historia. Creemos que Dios nos sorprende improvisamente con hechos que nos alegran, como son la curación de enfermedades, el progreso de las personas en sus trabajos y empresas, las alegrías del matrimonio y la familia, el nacimiento de nuevas vidas y tantos acontecimientos que nos anticipan la resurrección. Todo ello nos habla de un Dios que nos participa de su amor continuamente.

Sin embargo la manifestación de Dios no se sujeta solamente a los momentos de alegría y bienestar. Él se manifiesta de otras maneras y nos sorprende cuando abre las puertas del sufrimiento. Sí, el Señor también nos comparte su Cruz. Cuando la tragedia asoma, cuando el dolor se hace presente, también Él está ahí de manera misteriosa. Cuántas historias de amor y solidaridad, de caridad y de unidad no conocemos, pero están ahí, vivas, después del terremoto. Hay personas que encuentran a Dios en medio del sufrimiento, y otros que lo hallan en los momentos de alegría.

Cuando Dios permite que de pronto se abra la puerta del sufrimiento personal o social, tenemos el riesgo de cerrarla rechazando su presencia. En estos días, al cuestionar en las redes sociales qué nos pide Dios a quienes hemos sentido la tragedia del sismo por ser mexicanos, una persona me replicaba: "ahora no es momento de propaganda barata de seres invisibles, mejor ayuda, acopia víveres, únete a una brigada, si no, mejor no estorbes”.

A diferencia de los no creyentes, que en la tragedia actúan por solidaridad y amor al prójimo -lo cual es muy loable-, los cristianos buscamos motivos más profundos para nuestro obrar. Sabemos que en el dolor está presente Jesucristo crucificado. Hemos de verlo damnificado, bajo los escombros en la espera de que alguien lo encuentre y lo rescate, o muerto por los golpes en su cuerpo a causa de los derrumbes. Y porque el amor a Él nos apremia, hemos de volcarnos para aliviar sus llagas. Esto no se llama simple amor al hombre o filantropía, sino caridad cristiana.

Hoy la Cruz está más imponente en los estados de Oaxaca, Chiapas, Morelos, Guerrero, Puebla, Estado de México y Ciudad de México. El Redentor nos está mostrando sus heridas en aquellas regiones y la caridad nos urge. Llevemos un poco de alivio con nuestra aportación en oraciones, en víveres y medicinas, y a través de la colecta especial en las parroquias. Jesús nos necesita.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Confesionario sin absolución: mi mamá me ha herido y no sé si puedo perdonarla

La pregunta: padre, usted puso un artículo dónde dice que uno no entrará al cielo si no perdona. Eso me tiene muy precupada porque mi mamá me ha hecho tanto daño desde que yo tenía cuatro años hasta la fecha. Han sido abusos desmedidos, indiferencia, sin un abrazo, haciéndome siempre menos y haciendo diferencias entre mis hermanos. Soy la mayor de seis hijos y ella me dejó toda su responsabilidad desde que yo era muy niña. Ella nunca trabajó. Fue mi papá quien siempre fue muy trabajador y responsable, pero muy enérgico. Nos golpeaba mucho por culpa de mi mamá. En fin, para mi mamá su dios es el dinero, así ha sido toda la vida. Ella es una persona tan falsa, hipócrita y avariciosa, al de que a mí tiene enferma. Ella sigue igual y no le duele nada. Para ella todo está muy bien. Yo no sé qué siento, si rencor o dolor. Todo lo que ella hace me tiene muy herida; yo ya tengo 60 años y es ahora que se me ha cargado más. Hace unos tres años siempre estuve callada pero ella no cambia. ¿Qué puedo hacer ?

Padre Hayen: no es fácil perdonar cuando se han recibido tantas heridas de parte de quien debió haber sido bálsamo para el propio corazón con su amor maternal. Uno quisiera que todas las mamás fueran amorosas, prudentes, fuertes y tiernas, pero lamentablemente no en todas las familias es así. Hay unas que son como aquel personaje siniestro llamado Catalina Creel. ¿Recuerdas Cuna de Lobos? Si te tocó una madre de este tipo, no es por culpa de Dios. El Señor respeta los procesos afectivos internos a las familias, con sus luces y sombras, y conoce las heridas que podemos recibir en el seno familiar. Y quiere ayudar a que sanemos. Como señala el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9), todo ocurre para que se manifieste Dios, su poder y su gloria.

A pesar de que no tuviste a Mamá Margarita como tu madre -ella era la mamá de san Juan Bosco- yo te invito a que poco a poco, en tu vida interior, vayas haciendo un proceso de reconciliación con tu mamá. Es obvio que no podrás abrazarla y darle de besos como si tuvieran la mejor amistad, pero lo que sí puedes hacer es empezar a orar por ella y repasar todas las bendiciones que de tu madre te han venido. Tu madre ha sido el vehículo del que Dios se ha valido para que tu existieras, pero además para que llegues a la vida eterna en el cielo. Si anhelas que la gran promesa de Dios se cumpla en tu vida -ir al cielo- ello debe ser un motivo para abrazar tu pasado -no importa si fue triste- y perdonar a cuantas personas te hicieron daño, principalmente tu madre.

¿Te has puesto a pensar por qué tu madre se comportó así contigo? Hazte esta pregunta, muchas veces. Quizá haya heridas en el corazón de tu mamá desde su infancia, heridas que la incapacitaron para dar amor y cariño a todos sus hijos. Tal vez ella rechazó su embarazo cuando tu estabas en su vientre, por motivos diversos: mala economía, trastornos mentales, abuso de parte de tu padre, entre otros. Es importante la comprensión hacia tu madre para que te vayas vaciando de tus sentimientos de rencor, lo cual es tóxico para ti, y empieces a verla, no como una mujer malvada, sino como una mujer enferma. Y si tu mamá está enferma, ¿para que aborrecerla? ¿No es acaso más digna de misericordia que de resentimientos?

Dice san Pablo en una de sus cartas: “Revístanse de sentimientos de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, soportándose unos a otros y perdonándose cuando alguno tenga queja contra otro” (Col 3,12). Expulsar el rencor de tu corazón hacia tu madre será como sacar de tus pulmones el aire oxidado. Si no lo sacas, terminará por intoxicar toda tu vida y la de los tuyos.

Es cierto que puedes recordar ciertos episodios tristes de tu vida pasada que pasaste con tu madre, y ello te puede provocar ira, tristeza o coraje. Cuando eso ocurra no significa que no la has perdonado. El dar el perdón es un acto de la voluntad, y no del sentimiento. Así que cuando te venga enojo por malos recuerdos, di al Señor: “Perdono a mi madre, de todo corazón”, o bien “Madre, yo te perdono con toda el alma". Repítelo una y otra vez. Decide perdonarla y quedar libre de rencores. Te ayudará mucho pasar momentos de soledad y oración frente al Santísimo Sacramento, quien desde la custodia, te dirá cuánto te ha perdonado y cuánto quiere perdonar a tu mami.

No basta perdonar. Es necesario que tú también reconozcas tus errores en la relación con tu madre y pidas perdón por ellos. No porque no la odies puedes quedar tranquila. Cuando eres humilde y sabes humillarte reconociendo tus faltas, podrás vivir tranquila. Y cuando cierras el círculo del perdón con algún pequeño gesto de reconciliación, algún detalle bonito que tengas con tu mamá, estarás haciendo un acto que agrada mucho al Señor. Estos detalles hacen la unidad de los hijos de Dios, aunque haya personas que no los acepten. Si hay quienes rechazan estos actos, ¡allá ellos! El problema dejará de ser tuyo porque habrás extendido tu mano hacia tu madre. Y eso lo ve tu Padre Dios, en lo secreto.

Por último, has de recordar que aunque no hayamos tenido en la tierra una madre perfecta, en el Cielo sí la tenemos, y se llama la Virgen María. La relación con Ella te ayudará mucho, porque ella perdonó a quienes fueron los verdugos de su Hijo, y a quienes hemos traicionado el amor de Jesús con nuestros pecados. Acércate a la Virgen como hija herida y pide que cure tus llagas, y que te revista con los sentimientos de compasión de Jesús hacia quienes lo crucificaron.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Meditación no. 18 contra los pecados de la carne

Renovando la mente
(Rosemary Scott)

No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto (Rom 12,2).



Oración: Ven, Espíritu de amor; oh fuego de amor, purifica mi corazón, mi mente, y mi alma; santifica todo lo que pienso, lo que digo y lo que hago; y derrama en mí en plenitud tus sagrados dones. Que pueda siempre sólo darte gracias, alabarte y glorificarte, mi Señor y mi Dios.

Habiéndonos dicho que ofreciéramos nuestros cuerpos a Dios, san Pablo ahora nos aconseja qué debemos hacer con nuestras mentes. En orden a ser transformados, nuestras mentes, que están tan habituadas a disculpar el pecado, tienen que ser renovadas: Ten cuidado, no sea que imites las prácticas de los mundanos. Deja que tu corazón, tu ambición, te lleve al cielo: desprecia siempre aquellas cosas que el mundo admira, que todos puedan ver en tus acciones que tú no eres de la sociedad de los mundanos, y que no tienes amistad con ellos.

Para renovar la mente esencialmente significa dejar de pensar como pecador y comenzar a pensar como santo. No dejes que esta idea te intimide, pues muchos santos comenzaron siendo pecadores. Pero por la gracia de Dios ellos fueron aprendiendo a pensar según la mente de Cristo. Los santos aman lo que nuestro Señor ama, y odian lo que Él odia. Ellos están dispuestos a hacer lo que Jesús les ordena, y evitar lo que les prohíbe. Ellos ponen sus mentes arriba, en las cosas del Espíritu, y no en las de la carne:

Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. Pues las tenencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden; así los que están en la carne, no pueden agradar a Dios (Rom 8,5-8).

Si has estado siguiendo estas meditaciones y sus propósitos, ya has comenzado a renovar tu mente. Cuando empezaste a regresar a Jesucristo buscando alegría y plenitud en tu vida y no vicios, eso fue un cambio de mentalidad. Cuando rechazaste las mentiras que te tuvieron cautivo al pecado y comenzaste a dejarte guiar por la Verdad, comenzaste a cambiar la manera que tenías de ver el pecado. Cada vez que has meditado, memorizado y orado con un texto de la Sagrada Escritura, todo esto te ha ayudado a renovar tu mente poco a poco.

Continúa haciendo estas cosas. Si no lo estás haciendo, comienza a leer la Escritura cada día. Las lecturas de la Misa diaria son excelentes para este propósito. No la leas como cualquier libro, sino como un alimento para nutrir tu alma. Aprende un método de meditación, tal como la Lectio divina o uno de los tres métodos de oración de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. Utilízalo cuando leas la Escritura. La santa Palabra de Dios tiene realmente el poder de limpiar tu mente de pensamientos impuros.

¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra… Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti (Sal 119, 9.11).

Puedes también escuchar grabaciones de la Sagrada Escritura mientras manejas en tu coche o cuando trabajas en tu casa u oficina. O escribe citas bíblicas en tarjetas y memorízalas durante tu tiempo libre.

Otras prácticas devocionales, tales como la oración de Jesús o el orar con los iconos, también ayudarán a limpiar y renovar la mente. La lectura espiritual edificante y las historias de las vidas de los santos son una fuente excelente fuente de inspiración y de santos pensamientos. Luis de Granada escribe: trata de mantener tu mente ocupada con buenos pensamientos y de emplear tu cuerpo en obras saludables, porque el diablo –dice san Bernardo- “llena las almas de malos pensamientos para que estén pensando en el mal aunque no lo cometan”.

Si todavía no lo has hecho, tendrás que comenzar a evitar lo más posible los pensamientos impuros y las fantasías. Si eres persona casada, empieza en enfocar tus pensamientos solamente en tu cónyuge. Si eres soltero, tienes que terminar de entretenerte en impurezas. Si un pensamiento o imagen salta a tu mente, no te deleites en ella obteniendo placer, sino apártala de ti y pide la ayuda de Dios para evitar la tentación. Pide a Él la gracia de odiar los pecados que en tu pasado disfrutaste, tanto como Él los detesta. Pide a Dios la gracia de pensar del pecado como Él piensa. No olvides de reemplazar los pensamientos pecaminosos con pensamientos santos; bríndale a tu mente algo más en qué pensar.

En general, no debemos dejar que nuestras mentes moren en cosas infames o malas, y en cambio hemos de tomar el consejo de Pablo a los Filipenses: Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros (Fil 4,8-9).

Oh Dios Todopoderoso y misericordioso, escucha mi oración y libera mi corazón de la tentación de los malos pensamientos, a finde que pueda convertirme en digna morada donde habite tu Santo Espíritu. Amén.

Propósito: memoriza la cita de la Carta a los Filipenses, y ponla en práctica. Haz las otras cosas que te aconseja esta meditación. Continúa acercándote a Jesús, humillándote ante Él, confiando tu ser a la Virgen María, arrepintiéndote de tus pecados pasados, alejándote de la tentación y evitando ocasiones de pecado.

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

Mide tu progreso: desde que hice la última meditación,

Cuántas veces:

a. Deliberadamente me toqué impuramente al despertar

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

b. Deliberadamente vi fotografías o películas indecentes

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

c. Cometí actos impuros solo o con otras personas

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

d. Deliberadamente me deleité en pensamientos impuros

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

e. ¿Cuándo fue la última vez que fui a la Confesión? __________________

f. ¿Cuándo fue la última vez que asistí a la Santa Misa?________________

Los dolores de parto de la creación

Porque no hay verdad, ni misericordia, ni respeto a Dios, sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y libertinaje, homicidio tras homicidio. Por eso gime la tierra y desfallecen sus habitantes: hasta las fieras del campo, hasta las aves del cielo, incluso los peces del mar desaparecen. (Oseas 4, 1-3)

En un artículo publicado en la revista ‘Crisis’, el ingeniero nuclear Regis Nicoll comenta los desastres naturales que están cimbrando al mundo. Los últimos terremotos en México y los huracanes Harvey, Irma y José, que han dejado estelas de muerte y destrucción, aunados a los amargos recuerdos de muchas tragedias en los últimos años, como la del tsunami en 2004 en Indonesia con la trágica muerte de 200 mil personas, provocan incertidumbre e interrogantes sobre la existencia de Dios.

Para los ateos -que creen que la realidad se reduce sólo a lo material- los desastres naturales son evidencia de que el hombre se encuentra solo en un universo hostil y sin supervisión; son pruebas, según ellos, de que Dios no existe. Sin embargo también muchos creyentes llegan a dudar de la bondad del Dios en el que creen. ¿Por qué el Señor parece ser indiferente a nuestros gritos, a nuestro dolor? Hay quienes se preguntan si Dios es un monstruo o solamente un invento del hombre para procurarse consuelo.

Como ingeniero nuclear y hombre de fe, Nicoll apunta hacia la existencia de Dios a través del argumento de un universo ordenado y con propósito. En el mundo de la ciencia, uno de los descubrimientos más sorprendentes es la complejidad integrada del universo. Las relaciones que dan estructura al cosmos son tan precisas y tan interdependientes que, si alguna faltara o sufriera una variación, la vida no podría existir en la tierra.

Incluso los científicos ateos han tenido que admitir que todo en el universo está tan delicadamente equilibrado, que es absurdo creer que la creación y su armonía son meras casualidades. La misma ciencia apunta a que la existencia del universo tiene una intención. Quienes afirman que todo es producto del azar o del caos material, ven cada vez con más evidencia cómo sus teorías se derrumban.

Por todas las variables y condiciones que existen en el cosmos, existe la vida en el planeta tierra. Si llegara a faltar una condición o éstas se alteraran, no existiríamos. Todo indica que la tierra es un lugar pensado para el hombre, a excepción de las hostilidades esporádicas de la naturaleza como los terremotos, huracanes, tornados y tsunamis. Estos fenómenos, quizá, no existieron en algún momento de la creación del universo porque las condiciones originales del cosmos eran diversas.

El relato de la creación, en el libro del Génesis, dice que todo lo que hizo Dios era bueno. El mundo era un lugar hospitalario para el hombre, y la naturaleza fue puesta al servicio de la humanidad. Pero después de la caída, el mundo perdió gran parte de su hospitalidad. Según el relato bíblico, el pecado no sólo llevó a eliminar la presencia de Dios en el mundo, sino que convirtió la tierra en terreno maldito. San Pablo dice: “La creación fue sometida a la frustración” (Rom 8, 20).
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El mundo funciona, pues, en estas condiciones de frustración. La vida y la muerte coexisten y el hombre no puede escapar de este sistema. Nacemos, tenemos salud, enfermamos y morimos. Pero tampoco la tierra está libre de corrupción: la combinación de condiciones meteorológicas y geológicas son necesarias para que exista la vida biológica, pero al mismo tiempo hacen que existan los huracanes y los terremotos. La tierra rota sobre su eje y ello estabiliza la temperatura del planeta para que nazca la vida biológica, pero esta rotación también genera las masas de aire que provocan los huracanes y tornados que causan tanta destrucción.

San Pablo nos dice que anhelamos la redención de nuestros cuerpos (Rom 8,23), y que toda la creación gime como con dolores de parto, esperando la redención. Así, los huracanes, volcanes y terremotos no son productos evolutivos de un universo sin Dios, sino los lamentos de una creación que suspira por ser liberada de la decadencia, hasta que los hijos de Dios vivamos plenamente como tales en los cielos nuevos y la tierra nueva (Ap 21,1).

Quienes no hemos sido víctimas de la devastación de la naturaleza podemos tranquilamente reflexionar sobre estos argumentos. Pero no así las víctimas de los huracanes en Houston y en la Florida. Los habitantes de Juchitán, en estos momentos, lo que menos quieren escuchar es que la desobediencia de Adán les trajo la ruina. Ellos tuvieron al vendaval en sus tierras, y lo único que hoy pueden gritar a Dios es “¡Sálvanos, Señor, que nos hundimos!” (Mt 8,25).

Dios no está lejos de ellos. En medio de una creación sometida a la frustración están sus hijos, los discípulos misioneros de Jesús de Nazaret, llevando su presencia a través de la caridad que el mismo Dios ha puesto en sus corazones. No dejemos que las vidas de nuestros hermanos que están sufriendo a causa de los dolores de parto de la creación se hundan completamente: hoy con nuestra oración y en los centros de acopio, y a través de una colecta especial en nuestras parroquias.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Tres reglas para corregir a los hijos


La mayoría de los mortales somos torpes para corregir, probablemente porque no fuimos corregidos de manera adecuada cuando éramos niños. Quizá porque nos humillaron en público, o bien porque vimos a nuestros padres corregirse entre gritos y groserías. Tal vez también porque no teníamos un claro sentido de las reglas en casa.  

A veces encuentro personas en la calle o en el súper, a madres de familia, por ejemplo, que se ponen furibundas contra sus hijos, delante de la gente y les espetan una retahíla de groserías. Pobres niños, me quedo pensando. Su autoestima debe estar por la calle de la amargura. Estas criaturas, cuando sean varones o mujeres adultos, serán torpes para amonestar y corregir porque fueron víctimas de una pésima corrección.

Cuando viví en Colorado como estudiante de intercambio, hace muchos años, me tocó ver a un padre de familia corregir a su hijo. El niño quería un juguete que su hermana tenía, y se lo arrebató de las manos. El papá dijo al hijo que lo devolviera a su hermanita y el niño le gritó: “¡No!”. Y comenzó una batalla entre voluntades. El padre, con calma y firmeza tomó a su hijo llevándolo a otra habitación, mientras que la criatura, como energúmena, pataleaba y gritaba haciendo berrinches. Después de unos minutos el papá regresó, en tanto que los gritos del niño continuaron en el cuarto, hasta poco a poco se fue calmando. Siempre pensé que aquel era un buen método para disciplinar a los hijos. 

Un primer paso para una adecuada corrección a los hijos es dejar muy en claro las reglas de la casa y mantenerse firme con las consecuencias de una conducta que rompa las reglas. Hay que explicárselo a los hijos. Cuando la desobediencia ocurra, las consecuencias deben manifestarse. Éstas no se pueden negociar. Si un hijo desobedeció gravemente una regla en la familia, los padres deben ponerle un castigo y han de mantenerse firme en la sanción. Si por ejemplo a un hijo adolescente que se ha portado mal, se le quita el coche durante el fin de semana, y él le dice a su papá que tan sólo le permita lavar y encerar el auto, hay que decirle que no. No se deben de negociar las consecuencias de su mala conducta.

Segundo paso, hay que corregir en privado. A nadie nos gusta que se nos corrija en público porque lo consideramos humillante. Si un hijo se porta mal, hay que hacérselo saber y decirle que cuando llegue a casa vendrán las consecuencias. Si se le tiene que corregir de manera inmediata, hay que encontrar un lugar privado para hacerlo. Reprender en privado es cuestión de respeto al hijo. De hecho, aún en la corrección, se debe tratar al hijo atentamente. Estamos hablando, evidentemente, de niños mayores de cinco años. Los menores ni siquiera distinguen todavía el bien del mal.

Por último, hay que conservar la calma. Cuando nos dejamos llevar por la ira, solemos transformarnos en otras personas. Dicen los expertos que cuando una persona está muy enojada o tiene miedo, su adrenalina corre más velozmente y su fuerza se incrementa en un 20 por ciento. Eso funciona muy bien para escapar de algún peligro, pero no para corregir a los hijos. Si el padre o la madre sienten de pronto rabia contra un hijo, es mejor que se vayan a otra habitación y ahí busquen la calma. Hay que respirar hondo y hacer oración en ese momento. Si no hay otra habitación, deben guardarse sus palabras hasta que tengan tranquilidad. Una vez recobrada la calma, se habla con el hijo para que asuma las consecuencias de su mala conducta.

Si aprendemos el arte de la corrección con humildad y caridad, evitaremos que muchos hijos vivan resentidos contra sus padres, alumnos contra sus maestros, que trabajadores vivan hablando mal de sus jefes; o que seminaristas dejen el Seminario heridos por algún sacerdote; o que sacerdotes vivan aislados por resentimientos contra su obispo. 

martes, 5 de septiembre de 2017

Confesionario sin absolución: Me cuesta mucho hacer oración

La pregunta: padre, gracias por sus reflexiones en el Evangelio. Le soy honesto, me cuesta trabajo orar, puedo leer artículos con mucho interés, puedo escuchar podcasts y homilías católicas, pero orar me es difícil, sin embargo lo hago y lo disfruto, pero me es difícil porque siempre encuentro algo más. Ayer escuché una homilía del Padre Mike Schmitz que es capellán de la universidad de Dulluth en Minnesota y casi siempre se enfoca en puntos para jóvenes. A mi esposa y a mí nos agrada porque es "buena onda" y "moderno". El padre Mike dijo que una vez escuchó, ¿qué pasaría si Dios sólo supiera de ti lo que le platicas durante la oración? ¡Ay caray!, esa pregunta me llegó cómo "headshot" en videojuego. Pensé en compartirlo con usted. Que esté bien, y siga haciendo ese trabajo tan grandioso de evangelización por las redes sociales, que debe ser ingrato, porque a veces ni un like le damos pero en realidad hace diferencia. Benjamín.

Padre Hayen: gracias por escribir, Benjamín. Efectivamente, no es fácil orar. De niños aprendimos oraciones vocales como el Padrenuestro y el Avemaría, el Ángel de mi guarda o el Dulce Madre. Son oraciones que sabemos de memoria y son muy buenas porque nos ayudan a invocar la presencia de Dios. Jesucristo mismo enseñó este tipo de oración a sus Apóstoles cuando les enseñó el Padrenuestro. Lo más importante de la oración vocal es decir estas plegarias conscientes de la presencia de Dios en nosotros. Sin embargo nuestro corazón no se satisface sólo con oraciones vocales, sino que quiere aprender otras formas de entablar un diálogo con Dios.

Personalmente me encanta saber que no sólo yo tengo necesidad de hablar con Dios sobre mis asuntos, sino que Él también quiere hablar conmigo. Dios tiene cosas qué comunicarme para mostrarme su voluntad y decirme por dónde tengo que caminar y qué decisiones debo tomar. El padre Mike, a quien mencionas, lanzó esa pregunta de "qué pasaría si Dios sólo supiera de ti lo que le platicas durante la oración” para estimular a sus feligreses a practicar la meditación. Esta forma de orar es como una búsqueda para que la Palabra de Dios ilumine la propia vida.

Lo que te recomiendo, querido Benjamín, es que dediques una parte de tu tiempo para hacer una pequeña meditación, diariamente. En ella dejarás que Dios te hable por su Palabra y podrás confrontar tu propia vida. Toma la Sagrada Escritura y elige un texto. Puedes escoger uno de los grandes pasajes de la Historia Sagrada en el Antiguo Testamento, pero te recomiendo elegir algún pasaje de los Evangelios, que son la parte más importante de la Biblia porque ahí está la vida de Jesús, Dios hecho hombre que nos habla de manera directa.

Trata de permanecer en silencio unos minutos e invoca al Espíritu Santo para que estés atento a lo que Dios quiere decirte por su Palabra. Luego lee despacio el pasaje y vuélvelo a leer, fijándote en los personajes, sus gestos y actitudes. Recrea la escena del texto con tu imaginación, como si estuvieras viendo una película. En un segundo momento, introdúcete tú mismo en el pasaje como si fueras uno de los personajes. Por ejemplo, si lees la curación de Jesús al ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), colócate en el lugar del ciego y confronta tu propia vida. ¿Qué limosna pides? Así como Bartimeo pide compasión a Jesús, ¿por qué pides tú que se compadezca de ti? ¿Quién te dice que te calles y no grites a Dios? Mírate dejando tu manto y saltando hasta donde está el Señor, y pídele que veas, que cure tu ceguera.

En un tercer momento de la meditación, platica a Jesús, ora al Señor. Puede ser que vengan a ti inspiraciones de adoración, de arrepentimiento o de pedir perdón, o bien puede el Espíritu Santo llevarte a la acción de gracias y a las peticiones por asuntos concretos de tu vida. Cuéntale tus cosas al Maestro. Trata de terminar con algún propósito delante de Dios para que tu vida sea mejor. Termina dando gracias por haber estado en la presencia del Rey eterno y cierra con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria al Padre.

Por último te recomiendo, Benjamín, que si quieres comprar una Biblia que te ayude para estos ejercicios de meditación, adquieras “La Biblia de nuestro pueblo”, con texto de Luis Alonso Schökel y Lectio Divina. Es fantástica para alguien que quiere orar y meditar la Palabra de Dios. En cada pasaje de la Historia Sagrada trae un ejercicio de meditación con cuatro puntos: lectura, reflexión, oración y acción.

Lo importante es que perseveres en este camino de la oración. Empieza por un tiempo pequeño, quizá 10 minutos diarios, y verás que, poco a poco, Dios te irá haciendo gustar su paz, su amor y su alegría. Él siempre te escuchará, aún cuando sientas que tu oración es torpe o que tienes muchas distracciones, pues Él dijo: “Sabía que siempre me oyes” (Jn 11,42). Que sigas progresando en tu camino hacia Dios.

jueves, 31 de agosto de 2017

Trigo y Cizaña

Humanidad de Juan Gabriel
Por cuestiones de gustos musicales nunca fui fan de Juan Gabriel. Su música sólo la tolero. Sin embargo hay una parte muy humana de su vida que me llena de admiración. Juan Gabriel tenía todo para ser un perdedor: vivió en la pobreza, su padre que se volvió loco, su madre lo rechazaba, las burlas y los desprecios -aún de sus propios hermanos- por su particular amaneramiento, la soledad y la cárcel. ¿Qué fue lo que hizo que Alberto Aguilera no terminara en las drogas, o en los oscuros mundos depresivos que provoca vivir del aplauso y en medio de los excesos de una vida artística frívola, como sucede con tantas personas del medio del espectáculo?

Aguilera tuvo la gracia de encontrar a un hombre llamado Juan Contreras, un artesano que lo enseñó a trabajar y quien le hizo ver que su vida era valiosa. Encontró también a Andrés Puentes Vargas, director de la prisión de Lecumberri, donde el cantante estuvo preso, quien junto con su esposa creyeron en él, lo pusieron en libertad y lo presentaron a Queta Jiménez -la Prieta Linda-, que luego lo recomendó con la disquera RCA para grabar sus primeros discos.

Nada más estimulante que encontrar personas en nuestra vida que nos hagan ver que somos valiosos por dentro. Encontrar un guía espiritual es uno de los regalos más grandes que Dios nos puede hacer. Fue lo que Jesús de Nazaret hizo con sus apóstoles, al transformarlos de simples pescadores a ardientes Apóstoles, destinados a llevar el más sublime mensaje a toda la tierra. Quien tiene a un amigo, un director espiritual, un consejero o un guía que lo ayude a sacar lo mejor de sí mismo, ha encontrado un tesoro inigualable. Juan Gabriel, más tarde, desarrolló la misma mirada compasiva que otros tuvieron hacia él, y sacó a muchos cantantes del anonimato para convertirlos en grandes luminarias del espectáculo.

María, esperanza en la devastación
El huracán Harvey barrió con Houston y con otras poblaciones de Texas, el fin de semana pasado, provocando grandes incendios e inundaciones severas. La familia Rojas tuvo que evacuar su hogar al oeste de Corpus Christi antes de que Harvey azotara su pueblo, y quedaron devastados cuando supieron que el fuego había destruido su casa completamente. Hubo, curiosamente, sólo dos cosas que permanecieron intactas: dos estatuas de la Virgen María. “Algunos culpan a Dios, y otros al huracán, pero las únicas cosas que sobrevivieron a la destrucción fueron objetos sagrados”, dijo Nataly Rojas a un reportero. También expresó su gratitud por la oportuna evacuación de su familia, y reconoció que la Virgen María es un signo de esperanza para sus seres queridos en medio del dolor.

Seguramente hay personas que estarán pasando por una crisis de fe por lo ocurrido en el oeste de Texas la semana pasada. Habrá quien se pregunte cómo Dios permitió que murieran seres humanos en esta tragedia y se salvaran estatuas de la Virgen. Hay quienes cuestionan en qué clase de Dios creemos los cristianos, que consiente que sus hijos pierdan sus hogares mientras que él preserva las imágenes sagradas. Pensar así es razonable para un no creyente, pero no para un cristiano.

Los cristianos no pretendemos tener resuelto todo el misterio de la presencia del mal en el mundo. Pero lo que sí sabemos con certeza es que Dios gobierna el mundo respetando las leyes naturales que él creó, y que el hombre, con su pecado, hirió. Por eso la creación gime como con dolores de parto, esperando ser liberada de la corrupción (Rom 8, 22-25). Mientras estemos presentes en el mundo, tendremos que llevar el peso de las enfermedades, cataclismos naturales y otros males que nos afligen. Cuando somos víctimas de estos males miramos al Crucificado, quien tampoco fue librado de la muerte en Cruz por el Padre celestial. Los cristianos unimos nuestras cruces a la Cruz de Jesús para que nuestro sufrimiento sea redentor.

Las estatuas de la Virgen que quedaron de pie después del paso de Harvey por tierras de Texas son, para nosotros, un recuerdo de lo acontecido en el Calvario, donde estaba María junto a la Cruz, ofreciendo al Hijo en Sacrificio por la salvación de la humanidad. Son también un estímulo a contemplar al Crucifijo, en la esperanza de que, al final de la historia, las fuerzas del mal no prevalecerán, y sólo el amor redentor triunfará.

Cambios alimenticios
En el Seminario de Ciudad Juárez ha causado revuelo el régimen alimenticio al que los seminaristas están siendo sometidos. Porciones limitadas en las comidas, cuenta de calorías, colaciones entre comidas a base de frutas y clausura de la tienda donde antes se vendían refrescos, papas fritas y otras comidas chatarra. Además los candidatos al sacerdocio tienen ahora programas de entrenamiento físico impartidos por especialistas. El resultado es que ahora muchos de ellos empiezan a ponerse pantalones de tallas que antes no les quedaban y, lo más importante, es que están motivándose a cambiar hábitos para cuidar su cuerpo, templo del Espíritu Santo.

Mientras eso sucede, no faltan en el presbiterio los sacerdotes que ingresan al hospital por enfermedades desarrolladas por malos hábitos alimenticios. Hoy la obesidad se ha hecho un problema en la salud de nuestros curas. ¿De qué sirve que pidamos a Dios por la salud de nuestros sacerdotes cuando ellos mismos no cuidan su alimentación? A Dios se le ruega, pero también hay que darle una mano. La mejor respuesta a la oración del 'populo Dei' por la salud de sus guías espirituales es, justamente, los cambios en los hábitos alimenticios y de cuidado físico de quienes recibirán las órdenes sagradas en los próximos años. 

martes, 22 de agosto de 2017

Cuando las vacas se convirtieron en caballos

I
El domingo pasado me senté frente al televisor a ver el programa 'Don Francisco presenta'. No fue la cena la que me cayó mal al estómago, sino la presentación de dos niñas gemelas, una de las cuales estaba vestida y peinada como varón, diciendo que había cambiado de sexo. Don Francisco, el público y los artistas invitados, conmovidos, felicitaban, abrazaban y aplaudían a la pequeña por su decisión.

El cambio de sexo de los niños, sin el consentimiento de sus padres, en algunos países se ve como un derecho humano y se alienta desde la educación sexual escolar. De esa manera la cultura nos está empujando a vivir en el reino de la mentira. 

A propósito, encontré este cuentecillo de Pete Jermann, que traduzco, sintetizo y comparto.

En un país lejano vivía un rey iluminado. Era un hombre muy preocupado por su reino y sus súbditos. Debido a que estaba iluminado, el rey podía ver lo que otros no podían. Al mirar el pasado, quiso romper con él para no ser su esclavo, y así decidió compartir su nueva libertad con sus súbditos.

Un día que el monarca viajaba por un camino rural, notó que había caballos en un lado y vacas lecheras en el otro. Miró a las vacas, con sus ubres abultadas, mientras masticaban sin cesar. Le pareció que las reses no tenían ninguna gracia. Las miró hinchadas de leche y juzgó que no la necesitaban. Vio las vidas de estos animales, esclavizados por las necesidades de los demás. El rey se llenó de indignación y dijo “¡Eso no es justo!, ¡las vacas no pueden vivir en la injusticia de no ser caballos!". Entonces la compasión lo obligó a actuar.

El rey emitió un decreto. A partir de ese día proclamó que todas las vacas ahora serían caballos. Para asegurar que su ley funcionaría, también proclamó que aquel que no pensara como él y siguiera atado a viejas formas de razonar, sería humillado públicamente.

Quien afirmara que las vacas eran vacas, sería acusado de ‘bovinofobia’. Cualquier persona que dijera que el mugir no era relinchar, sería denunciada como insensible y ofensiva. Y cualquier súbdito que describiera el lento y pesado caminar de una vaca, no como el galopar de un caballo, sería tachado de ignorante.

Al rey, las cosas no le salieron bien. Las vacas no podían ser plenamente vacas, ni los caballos, caballos. Éstos dejaron de galopar porque hacerlo sería una burla para las vacas. Debido a que los caballos no tienen ubres pesadas, sería injusto que las vacas también las tuvieran. Así que, una vez que los becerros fueron destetados, las vacas no fueron ordeñadas. Sus ubres se secaron y se encogieron. Los bovinos enflaquecieron y hubo poca producción de leche. Así aumentó el raquitismo, enfermedad que afectaba el crecimiento físico de los niños en el reino. Con caballos cojos y vacas haciendo lo que los caballos hacían, los agricultores no podían cultivar productivamente como antes. La comida, que una vez fue abundante, ahora era escasa y costosa.

Engañado por su propia nobleza, el rey no veía su error. No podía descubrir la belleza de una vaca, ni admitir que su compasión hacia estos animales era falsa. El monarca creía él mismo que era muy bueno por su preocupación por ayudar a las vacas. Así se sentía una persona noble y justa. Atrapado por el mundo de sus sentimientos, no podía ver lo que otros veían claramente: que una vaca no era un caballo. De hecho, el rey no podía, en absoluto, ver una vaca. Sólo veía lo que le hacía sentirse bien consigo mismo. El rey no era malo; él quería ser un buen rey. Pero no prestaba atención a cualquier otra sabiduría que no viniera de más allá de sí mismo. Atrapado en su propia ‘verdad’ y ‘bondad’, sólo podía atrapar a sus súbditos también.

El reino se dividió en dos bandos. Mientras que la bondad y la verdad objetiva de las cosas unía a mucha gente, aquellos que eran partidarios de la ‘verdad’ y ‘bondad’ del rey ya no podían tolerar a los demás. 

Atrapados en su propia ‘bondad’, juzgaron como malvados e ignorantes a la gente que todavía veía a las vacas como vacas, y a los caballos como caballos.

Muchos súbditos del rey que sabían que una vaca no era un caballo, empezaron a dudar de la verdad. No querían ser etiquetados como diferentes, por lo que guardaron sus pensamientos para ellos mismos. Cuando estaban entre los que insistían en que las vacas eran caballos, fingían un acuerdo por vivir en paz. La verdad había dejado de ser algo que todos compartían y que a todos los unía, para convertirse en una cosa que ahora muchos negaban. Sólo entre susurros y a puertas cerradas, y lejos de la plaza pública, se hablaba de la verdad.

Años después de su decreto, el rey echó una mirada por encima de su reino. Vio la paz en todas partes. Sin embargo, no era la verdadera paz, sino una paz tan falsa como decir que una vaca es un caballo.

El rey vivió una larga vida y murió satisfecho de su propia bondad. Pero cuando cerró los ojos a este mundo y los abrió en el más allá, se dio cuenta que existía la Verdad y la Bondad infinita y eterna.

Ante esta nueva realidad, el rey sólo podía ver lo que él había elegido en su pequeño y lejano reino. No podía ver el nuevo mundo que era infinitamente grande, tanto en el tiempo como en el espacio. Y se quedó sin tomar posesión de la infinita y eterna Verdad y Bondad. 

El rey quedó atrapado en su minúscula ‘verdad’ y ‘bondad’ que lo habían mantenido tan fuerte durante su vida en la tierra, y que ahora no eran nada.

Hasta aquí la fábula de Jermann. La ideología de género quiere imponer a todos el mismo error del rey del cuentecillo. Esta ideología rechaza la armonía de la naturaleza humana diciendo que se trata de una injusticia. Al negar que el ser humano sólo existe como varón y mujer, y que el hombre es verdaderamente libre cuando busca ajustar su vida a la verdad de su naturaleza, crea el reino de la mentira, en el que los hombres se convierten en esclavos. Hacia allá caminamos, a menos que sepamos llamar vacas a las vacas, y caballos a los caballos.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La fe en la dramática vida de Úrsula y Eduardo

Cómo habita Dios en el alma


El cantautor católico Eduardo Gildemeister y Úrsula Salmón eran un matrimonio católico del Perú hasta que la muerte de Eduardo los separó en 2010. Cuando habían tenido cinco hijos y el sexto estaba en camino, al marido le vino una extraña enfermedad que en cinco días se lo llevó a la presencia de Dios.

Sola y dispuesta a continuar la crianza de sus hijos, a los dos años de la muerte de su esposo, Úrsula desarrolla cáncer de mama. Parecía que los momentos más difíciles de la batalla contra el cáncer estaban superados cuando un día, durante un paseo familiar, la madre y sus seis hijos tuvieron un accidente en la carretera; Tomás, el hijo de 15 años, falleció al instante.

No obstante la crudeza de estos hechos, Úrsula no ha renegado de su fe católica ni se ha vuelto en improperios contra Dios. Por el contrario, ella manifiesta su adhesión y su confianza en Jesucristo y espera la vida eterna, donde acaricia la esperanza, de reunirse con toda su familia para siempre.

Úrsula no protesta contra el Cielo –como si el Cielo estuviera allá arriba, en un lugar muy lejano del espacio sideral–. No, Úrsula no reclama por una sencilla razón: el Cielo está dentro de ella. El Espíritu Santo –amor del Padre y del Hijo– es la caridad que habita en su alma y alumbra su camino de fe, esperanza y caridad, aún en medio de las circunstancias más difíciles.

En diversas ocasiones la familia Gildemeister, disfrutó del paisaje del campo peruano. Admiraron las criaturas como los animales, las plantas, las montañas y los ríos; todo les hablaba de Dios Creador que dejó su huella en la Creación y que todo lo domina. La naturaleza les llenaba de asombro.

 
Pero cuando Eduardo componía alabanzas a Dios, o cuando Úrsula y sus hijos se ponían en oración, ocurría el milagro más espectacular: el Padre Celestial venía en persona para engendrar, en cada uno de ellos, a su Hijo Jesucristo. Engendrado el Hijo, los hacía amar al Padre. Y de ese amor mutuo entre el Padre y el Hijo brotaba el Espíritu Santo dentro de ellos. Entonces la familia se gozaba teniendo a Dios como Padre, como amigo, colaborador y santificador.

La experiencia de la cercanía de Dios también es para nosotros, los que no hemos sufrido lo que Úrsula y sus hijos. Sentirse inmensamente amados por Dios y mirar con confianza el futuro –a pesar de que atravesemos por las cañadas oscuras de la vida– es fruto de la adopción que Dios hace de nosotros. Tener paz en etapas dolorosas de la vida no es sugestión mental. Es real. A quien abre el alma a Jesucristo, Él le empieza a comunicar su naturaleza divina y le da una inmensa confianza y una gran fortaleza para superar cualquier situación, incluso la pérdida de nuestros seres más queridos.

Recordemos siempre lo que dijo Dios mismo para hablarnos de su amor por nosotros: “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho? ¿No se compadece del hijo de sus entrañas? Pero aunque ella te olvide, yo no te olvidaré”. (Is 49,15). Sabemos también que Dios nos lo ha dado todo en Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16). Y aunque la vida sea difícil, para unos más que otros, los católicos practicantes podemos experimentar el consuelo de Dios por su presencia divina en nuestros corazones: Dice Jesús: “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él” (Jn 14,23).

Este es Eduardo Gildemesiter, cantautor: https://youtu.be/oEB49RBxj98