Translate

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Trigo y Cizaña

Kate del Castillo en pelletier
La actriz mexicana Kate del Castillo posó sin ropa frente a las cámaras para apoyar una campaña que pretende evitar el uso de pieles de animales en la industria de la moda. Es la sexta campaña de este tipo en la que participa la señora Del Castillo, aunque es la primera vez que lo hace completamente ‘en pelletier’ con el lema “Prefiero estar desnuda que vestir pieles”.

Es lamentable la postura ideológica de la actriz. Millones de personas influenciadas por la industria del entretenimiento fundada por Walt Disney han crecido creyendo que los animales, como el ratón miguelito y el pato donald, al cobrar vida como si fueran seres humanos, tienen sentimientos como el hombre. La realidad es otra. Vivimos en un mundo donde en el reino animal impera la ley del más fuerte: comer y no ser comido. Los animales están al servicio de la humanidad para proporcionarle alimento y vestido. El neomarxismo, al haberse visto fracasado en la economía, ahora busca imponer, en la cultura, la absurda ideología igualitaria entre hombres y animales. Me pregunto, si un día un hijo pequeño de Kate del Castillo se llenara de piojos, ¿los mataría su mamá con un buen champú, o se los quitaría pidiéndoles permiso y cuidando de no hacerles daño para respetarles sus derechos? El animalismo es una absurda ideología.

Donald Trump enciende la mecha
Jerusalén es una ciudad muy especial. En ella conviven tensamente judíos, musulmanes y cristianos. Sobre la explanada del Muro de las Lamentaciones está la Mezquita de la Roca, y a unos metros se ubica la Basílica del Santo Sepulcro. Para mantener un clima de paz en los lugares sagrados se debe de respetar el famoso ‘status quo’, es decir, dejar las cosas como están. Nada se puede invadir, nada se puede tocar, nada se puede mover. Sin embargo la misma ciudad ha tenido un status quo muy particular a nivel internacional.

Luego de la creación del Estado de Israel en 1947 con Tel Aviv como capital, la ONU acordó que Jerusalén tenía que permanecer al margen del Estado Judío. Los israelitas no respetaron este acuerdo y así tomaron el control de la ciudad, dando origen a feroces guerras con los palestinos árabes. Para no calentar más el conflicto, el resto de los gobiernos del mundo decidieron mantener sus embajadas en Tel Aviv. En 1995 el Congreso de Estados Unidos, bajo el gobierno de Clinton, reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, pero esta decisión se fue prorrogando para no romper el status quo de la ciudad. Ahora Trump ha querido hacer efectiva la decisión del gobierno de Clinton, lo que ha desencadenado levantamientos palestinos. Para los cristianos lo mejor es lo que pide el papa: respetar el status quo de Jerusalén declarado por la ONU, y así la ciudad sagrada siga siendo, para las tres grandes religiones, lo que su nombre significa: ciudad de la paz.

Adviento, tiempo de silencio
Con su ambiente de ruido, de compras, de gastos, de publicidad y la superficialidad de muchas ‘posadas' que nada tienen que ver con lo cristiano, el comercio nos hace creer que ha comenzado la fiesta. Así el Adviento -tiempo de silencio para preparar la venida de Jesús al corazón- lo vivimos llenos de barullo interior, con el riesgo de llegar a la celebración de la Navidad con el alma vacía. Esto ocurre a laicos y a sacerdotes.

Enseñaba Thomas Merton -monje trapense muerto en 1968-: “Si bien es cierto que tenemos que saber soportar el ruido y proteger extraordinariamente nuestra vida interior en medio de la agitación, no es menos cierto que no conviene resignarse a vivir en una comunidad constantemente agobiada por la actividad e inundada por el ruido de las máquinas, de la publicidad, de la radio y de la televisión, que no paran de hablar. ¿Qué hay que hacer? Quienes aman a Dios tienen que procurar preservar o crear una atmósfera en la que poder encontrarle. En los hogares cristianos debe haber sosiego, porque tanto sus cuerpos como sus almas son templos de Dios”. Quien quiera vivir una Navidad espiritual, bella y profunda, rebélese contra la dictadura del ruido y prepare al Señor, en la quietud de los templos o en la propia habitación, un pesebre silencioso para poder acogerle.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Confesionario sin absolución: lucho contra pecados que no son mortales

La pregunta: Hola padre, qué tal, tengo una pregunta: ¿durante cuánto tiempo el sacramento de la confesión nos mantiene en gracia, apoyados por la oración del “Yo confieso” de la misa? Para que se entienda lo que quiero explicar pondré mi ejemplo. Yo me confieso, en promedio, cada tres semanas, sin embargo cometo pecados por “inercia” durante ese período; es decir, no lo hago con intención de hacer algo malo, y estos pecados son por lo general pensamientos de soberbia, mencionar el nombre de Dios en frases comunes como son “ni lo mande Dios” durante conversaciones mundanas. Son pequeños detalles que al hacerlos, siento un espinita en el corazón al instante, señal de que no lo debí haber dicho o hecho. También tengo actitudes de enfado cuando sucede alguna injusticia. No reacciono de manera violenta nunca, tampoco insulto, pero sí me da mucho coraje y pienso cosas malas. ¿Eso me quita la gracia para comulgar? Gracias padre, un abrazo, ¡paz y bien!

Padre Hayen: gracias por tu pregunta, que me parece importante. Para responderte, primero te recuerdo que existen dos clases de pecado: el mortal y el venial. Mientras que el pecado mortal destruye nuestra comunión de amor que tenemos con Dios y con nuestros hermanos, el pecado venial nos mancha pero sin romper la unión que tenemos con Dios. Como católicos estamos llamados a detestar todo tipo de pecado, aún el venial.

Existen dos clases de pecado venial. Una es el pecado venial deliberado, es decir, aquellas ocasiones en las que tenemos conciencia de que traicionamos el amor de Dios y aún así preferimos darnos un pequeño gusto o placer egoísta. Por ejemplo el hacer juicios temerarios a las personas, caer en la murmuración, seguir cultivando los resentimientos o hacer comentarios críticos contra alguien durante su ausencia. Son actitudes que, de alguna manera, nos sujetan a nuestras pasiones y no nos dejan vivir plenamente en el amor de Dios. Esta clase de pecado, aunque no destruye nuestra comunión con Dios, sí se vuelve un serio obstáculo para nuestro progreso espiritual.

La otra clase de pecado venial es el que se comete por sorpresa, por fragilidad o por falta de vigilancia. A esta clase pertenecen las faltas a las que haces referencia en tu pregunta. Por nuestra condición humana tan frágil, es casi imposible no caer en este tipo de faltas. Si estás preocupado(a) por no cometer estas faltas, esto quiere decir que has desarrollado una conciencia muy fina en tu relación con el Señor. Evidentemente decir “ni lo mande Dios” no es ningún pecado grave, sino una fragilidad para alguien que tiene mucho respeto por la santidad del nombre de Dios. Esto no lo entenderá alguien de conciencia muy laxa, sino sólo aquellos que van más avanzados en su camino interior.

Esas pequeñas faltas o imperfecciones de ninguna manera te impiden comulgar. Únicamente lo hace el pecado mortal, y esta clase de pecado exige ir al sacramento de la Confesión. Aunque no tengas pecados mortales, te aconsejo que sigas confesándote con frecuencia. Dices que vas al confesionario cada tres semanas, y esto está bien. Te repito: no importa que confieses sólo pecados veniales o imperfecciones. Eso te mantendrá viviendo en la gracia de Dios y te prevendrá de caídas más graves. Hay muchas personas que, sin tener pecado mortal, van al sacramento a decir sólo sus pecados veniales, porque el sacramento de la Reconciliación no sólo es un remedio para que Dios perdone el pecado, sino que otorga fortaleza para no pecar.

Nunca te conformes con no pecar mortalmente, sino que aspira a la santidad dejando que la gracia de Dios te lleve cada vez más adelante en tu unión con el Señor.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Trigo y Cizaña

El abominable ser llamado varón
No pasa un solo día sin que la prensa publique casos de violencia contra la mujer. Ahora resulta de que el Honorable Congreso de la Unión es una sala donde abundan sátiros legisladores que buscan acostarse con sus colegas diputadas; se dice que no dejan de mirarlas con lascivia y de solicitarles favores sexuales. Términos como ‘violencia de género’ ‘acoso sexual' o ‘feminicidio’ se han hecho parte del lenguaje de lo políticamente correcto. Cuando las víctimas son las mujeres, las noticias ocuparán todas las columnas de la prensa, y se le dará seguimiento durante varios días. Por el contrario, si la víctima es un varón, no habrá noticia. Y si hay noticia es porque se lo merecía, o porque la mujer tenía alguna demencia. Detrás de este tratamiento de las noticias están, sin duda, los lobbys feministas y abortistas que quieren meternos la idea de que la mujer es siempre la víctima de la violencia, y de que hay que protegerla con leyes -incluyendo la legalidad del aborto- para librarse de las consecuencias de su trato con los varones.

Obsesión por la igualdad
Decisión absolutamente arbitraria es la que toma el Instituto Estatal Electoral en Chihuahua al pedir a los partidos que paguen su cuota de género para colocar en puestos públicos a sus representantes. Es una intromisión dictatorial en la vida interna de los partidos que al IEE no le corresponde. Con este reglamento los partidos tendrían que colocar, por ejemplo en el Congreso, o en las sucesiones presidenciales, un número igual de personas de género masculino por otro tanto del femenino. El fin es asegurar que hombres y mujeres tengan equidad de género en la participación política. Como cristianos estamos de acuerdo que féminas y machos tenemos los mismos derechos en la vida pública, sin embargo los puestos políticos no pueden repartirse según el criterio de los cromosomas, sino según la capacidad que las personas tengan para ocupar cargos públicos, no importa que sean damas o caballeros. Según la nueva cuota de género, dentro de poco tiempo los partidos tendrán que colocar en una justa alternancia en los puestos públicos a gays, travestis, lesbianas y transexuales, negros e indígenas. A estos extremos llega el fanatismo hembrista con la obsesión que tiene por la igualdad.

Armas contra la corrupción
En México, seis de cada diez personas consideran que la corrupción aumentó en este año. Sin embargo la mayoría de los mexicanos anhelamos una patria libre de corrupción. No queremos que crezca la gangrena en nuestro pueblo. El tema se trató dentro del foro sobre la corrupción, que el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana realizó el pasado miércoles 6 de diciembre. En dicho evento participó Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelia, quien subrayó la necesidad de crear una ecología humana como base para erradicar la corrupción. ¿Cómo podremos erradicar la corrupción sin una formación moral de los ciudadanos, y si la familia no cumple con su función educativa? Es ahí donde la Iglesia puede ejercer un papel importante. Pero además una buena educación es fundamental, decía monseñor; y señalaba el pobre nivel educativo que tienen nuestros legisladores en México; son gente de muy pobre preparación y muchos de ellos ni siquiera saben sobre lo que están legislando. Apuntó también que el único camino para vencer la tentación de la corrupción es el servicio. Mientras que del orgullo y la soberbia nace la corrupción, el servicio hace humilde a la persona, y le da caridad y creatividad para transformar la realidad.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Abominable ataque contra tres niñas

El 21 de noviembre dos sujetos entraron en una vivienda de la colonia Ampliación Felipe Ángeles, donde atacaron a golpes a tres hermanitas de 10, 11 y 12 años, para violarlas y estrangular a una de ellas. Por la brutalidad de los delitos y la fragilidad de las víctimas, estos hechos conmocionaron a nuestra ciudad y suscitaron olas de indignación y repudio. Los acontecimientos llaman, a quienes habitamos esta frontera, a hacer un examen de conciencia.

Los individuos que cometieron estos delitos pertenecen a una categoría que hoy podemos llamar 'muertos vivientes’, personas que no tienen sentimientos ni estructura moral. Es doloroso decirlo, pero se trata de personas que han perdido el alma. Para ellos la vida no vale nada, ni la propia, ni la de los demás. Lo mismo resulta matar que no matar. La única gloria a la que aspiran es disfrutar el momento a través de sus instintos más básicos, aunque para ello se pise o se tenga que quitar la vida a otras personas.

Asusta la banalidad de la perversión. Muy probablemente quienes cometieron los delitos festejaron su hazaña. Vivimos en una sociedad donde se han borrado las fronteras entre el bien y el mal. De hecho el mundo se ha puesto de cabeza: a la luz se le llama tinieblas y, a las tinieblas, luz. Hay delitos atroces a los que hoy se les llama 'derechos humanos'. Hemos olvidado los Diez Mandamientos, si es que alguna vez los aprendimos, y no nos preocupamos porque las nuevas generaciones los asuman y los vivan. El mundo, que una vez fue civilizado, se pronto se está convirtiendo en un páramo desolado donde los fuertes devoran a los débiles.

Nuestra sociedad y familias disfuncionales tienen hoy la tendencia a engendrar la ley de la selva. La organización del trabajo en la industria maquiladora -ambiente laboral de los padres de las niñas ultrajadas- no permite la suficiente convivencia entre padres e hijos. Muchos niños deambulan solos en las calles, como ovejas sin padres ni pastores, y quedan a merced del mundo de las drogas, las pandillas y los grupos delictivos, lobos rapaces de nuestro tiempo.

A las autoridades municipales y estatales les exigimos la pronta detención de estos sujetos y el más duro castigo para ellos, pues impartir justicia y seguridad para todos es el deber primario de un buen gobierno. A quienes habitamos esta ciudad les exhortamos a dejar todo estilo de vida individualista, el cual fomenta el desinterés por los problemas comunitarios, y a asumir, en cambio, una educación para la paz que nos lleve al cuidado de unos por otros. Afirmamos que "la vida humana es sagrada desde su inicio hasta su término, y afirmamos el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium Vitae, 2).

A la comunidad católica le pedimos, además de la oración incesante por la paz, hacer más esfuerzos por llevar cada vez a más personas al encuentro con Jesucristo vivo, ya que la violencia es el efecto de la separación del hombre con Dios. Un sarmiento separado de la vid, que es Jesús, se seca, se le acaba la vida y puede convertirse en victimario de la cultura de la muerte. Solo en el fomento de una espiritualidad que desarrolle las virtudes para la convivencia humana lograremos que hechos monstruosos no se repitan, y así podremos construir una convivencia que fomente lo bello, santo y noble que existe en el corazón del hombre.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Trigo y Cizaña

Zombis entre nosotros
En este mes de noviembre se han puesto de moda las marchas de los zombis en grandes ciudades de Norteamérica. Estas marchas, en las que participa gente disfrazada de muertos vivientes, quieren manifestar la deshumanización que existe en las urbes de nuestras sociedades. Es cierto. Mire usted: un signo alarmante es la aparición de zombis reales. Se trata de hombres y mujeres sin alma que, a sangre fría, toman un arma y disparan para matar el mayor número posible de personas. Así sucedió hace poco en Las Vegas Nevada y en Springfield Texas.

En México las cosas no están mejor. Las ejecuciones callejeras, en bares, restaurantes y en centros de rehabilitación son bastante frecuentes en muchas ciudades. Conocemos la saña inaudita de los narcotraficantes y secuestradores para intimidar a sus enemigos. Y no se trata de enfermos mentales, sino de personas con vidas aparentemente normales. En Estados Unidos sólo un 25 por ciento de los asesinos en masa han tenido trastornos de la mente. El otro 75 por ciento lo hace porque no siente emociones humanas, carece de sentimientos y de toda moralidad. Este es el nuevo hombre-zombi que está emergiendo.

Nuestros gobiernos y organizaciones de la sociedad civil creen que todo se resuelve con matemáticas. Si desarmamos a todo el país -dicen- disminuirán los asesinatos. Sin duda que las políticas públicas pueden ayudar, pero no solucionan el problema. Los zombis actuales buscarán formas nuevas y creativas de expresar su odio contra la sociedad. Pueden hacerlo envenenando a una población con productos químicos, fabricando explosivos o atropellando en una furgoneta a cuanto cristiano encuentren, como ocurrió en las ramblas de Barcelona.

El zombi no suele ser un trastornado. Lo que lo ha convertido en muerto viviente es haber crecido con una visión defectuosa del mundo. El zombi es una persona que, por lo general, careció de amor y vivió en ambientes de violencia. Es alguien que nunca conoció a Dios y por ello piensa que el universo no está supervisado. Nadie lo cuida ni lo ama, ni se preocupa por él. Por ello el zombi piensa que no hay alguien a quien le deba rendir cuentas de su conducta. Son personas sin estructura moral. Para ellos los sentimientos son absurdos y, de esa manera, cualquier acción como secuestrar, extorsionar, violar o matar da igual que no hacerlo.

El zombi cree que con el asesinato masivo o con la delincuencia se compensarán las injusticias que ha tenido que soportar. Piensa que de esa manera será escuchado, comprendido y aceptado. Cualquiera de nosotros puede ser su víctima.

Entre nosotros están los zombis que no se disfrazan como tales cada mes de noviembre para marchar por las calles. Son los zombis reales y su número seguirá creciendo mientras que no vayamos a la raíz del problema: curar el corazón del hombre al llevarlo con el Médico divino, y sanando las heridas de tantas familias rotas, porque es en ellas donde nos humanizamos y donde adquirimos el sentido de la vida.

Milagro en el Cereso
Hace unos días, Dios se manifestó como un viento huracanado que resquebraja las peñas y hace temblar las piedras. Ocurrió en el Cereso de nuestra ciudad. A un grupo de laicos misioneros de Ciudad Juárez se les permitió predicar el Evangelio durante dos días a un grupo de 25 reos. Los reclusos eran personas que llevan años entre las rejas, algunos con hasta 230 años de condena, y hasta dobles cadenas perpetuas, por los estremecedores delitos que cometieron. Pero Jesús, así como vino a resucitar a Lázaro, hoy sigue dando vida a las almas muertas que claman tener vida. El poder divino hizo que se doblegaran los corazones más endurecidos, las mentes más frías para los asuntos de Dios, las personas más golpeadas por la vida, muchos de ellos con verdaderos pactos con el mal.

¿Qué sucedió? Sencillamente lo que hicieron Pedro y los Apóstoles después de la Resurrección, cuando se plantaron en las plazas públicas de Jerusalén a proclamar que Jesucristo estaba vivo y que ellos eran sus testigos. Así lo hicieron los Laicos en Misión Permanente, este grupo de católicos llamados por Dios a proclamar su Evangelio con ojos abiertos y corazón palpitante. Llegaron al Cereso temblando de frío y de ciertos nervios, pero con la seguridad de ir en el nombre del Señor, como el pequeño David ante el gigante Goliat. Después de hacer largas filas de revisión y cateo personal, luego de atravesar pasillos, rejas y puertas de seguridad, llegaron a la sala donde los esperaban los reos. Y ahí ocurrió el milagro.

Cuando la Palabra de Dios se predica con poder, y como fruto de una vida de oración, hasta las vidas más perdidas se transforman en historias de salvación. Desde ahora, quienes fueron asesinos, secuestradores, violadores, estafadores y narcotraficantes quedaron enamorados del Señor Jesús, y dispuestos además a convertirse en sus misioneros para colaborar a que sus compañeros pasen del mundo de las tinieblas a la región de la luz, del amor y de la paz. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, nuestro deber es orar por estos hermanos conversos para que perseveren y crezcan en la fe como testigos del Resucitado. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Meditación no. 19 contra los pecados de la carne

¿Y si vuelvo a caer?
(Rosemary Scott)

Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí; contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. (Sal 51, 3-6).



Oración: Dios mío, me arrepiento de todo corazón y te pido perdón por todos mis pecados, no tanto porque ellos me hagan sufrir y me hagan vivir un Infierno, sino porque han crucificado a mi amadísimo Señor Jesucristo, y han ofendido a su Infinita Bondad. Me propongo, firmemente, con la ayuda de tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia y enmendar mi vida, Amén.

Aunque esperamos que no vuelva a ocurrir, es posible que tú puedas caer durante esta serie de meditaciones. Si así sucede, no te desesperes. Sigue, en cambio, el excelente consejo de Lorenzo Scupoli en el capítulo 26 de su libro “El Combate Espiritual”.

Cuando te des cuenta de que has sido herido por el pecado, sea por debilidad o por malicia, no pierdas tu valor ni te vuelvas presa del pánico. Vuélvete a Dios con gran humildad y confianza diciendo: “Mira oh Señor, lo que soy capaz de hacer. Cuando hago las cosas sólo con mis fuerzas, no puedo cometer otra cosa sino pecados”.

Meditando sobre esta verdad, reconoce el alcance de tu humillación y expresa a nuestro Señor tu dolor por las ofensas cometidas. Con un corazón tranquilo, acusa tus pasiones viciosas, especialmente la que ha ocasionado tu caída, y confiesa: “Oh Señor, yo no hubiera dejado de pecar si tu bondad no me hubiera detenido”.

Dale gracias a Dios y, más que nunca, dale a Él el amor completo de tu corazón. ¡Qué generosidad tan grande la del Señor! Tú lo has ofendido y Él, a pesar de ello, te extiende su mano para prevenirte de otra caída.

Con tu corazón lleno de confianza en su misericordia infinita, dile: “¡Oh Señor, muestra tu Divinidad y perdóname! Nunca permitas que me separe de ti ni me dejes sin tu ayuda; y nunca permitas que te vuelva a ofender”.

Después de que hagas esto, no te angusties por examinar si Dios te ha perdonado o no. Eso es perder el tiempo, es una muestra de orgullo, de enfermedad espiritual, una ilusión del demonio que busca dañarte. Ponte en los brazos misericordiosos de Dios, y dedícate en tus ocupaciones habituales, como si nada hubiera ocurrido.

El número de veces durante el día que caigas no puede alterar tu confianza en Dios. Regresa al Señor con la misma confianza, aunque sufras nuevas derrotas. Cada caída te enseñará un mayor desprecio hacia tus propias fuerzas, mayor odio al pecado y, al mismo tiempo, te dará mayor prudencia.

Esta actitud es agradable a Dios y, por tanto, confundirá al enemigo de la salvación. El demonio quedará sumido en la consternación por aquel a quien otras veces ha vencido. Como resultado, el diablo doblará cada esfuerzo para inducirte a cambiar tus tácticas. Él tiene éxito con mucha frecuencia cuando las personas no somos vigilantes de las tendencias de nuestro corazón.

Los esfuerzos hechos por conquistarte tienen que corresponder a las dificultades encontradas. Este ejercicio no puede hacerse una sola vez. No es suficiente. Debe ser repetido con frecuencia aunque hayas cometido una sola falta.

En consecuencia, si tuviste una caída, si estás muy perturbado y tu confianza se tambalea, primero tienes que recuperar la paz mental y la confianza en Dios. Eleva tu corazón hacia el Cielo. Convéncete de que la perturbación que a veces sigue por cometer una falta no es por el dolor de haber ofendido a Dios, sino por el miedo al castigo.

La manera en recuperar la paz es olvidar, por el momento, tu falta y concentrarte en la infinita bondad de Dios y su ardiente deseo de perdonar a los pecadores más obstinados. Dios utiliza todos los medios posibles para llamar a los pecadores, para unirlos completamente a Él, para santificarlos en esta vida, y para llevarlos después de la muerte a la felicidad eterna.

Esta consideración, u otras de esta naturaleza, devolverán la paz a tu alma. Luego tú puedes reconsiderar la malicia de tu error a la luz de lo que hasta aquí hemos meditado.

Finalmente, cuando te acerques al Sacramento de la Confesión –y te aconsejo que lo hagas con frecuencia- recuerda tus pecados y confiésalos con sinceridad. Despierta tu dolor por haberlos cometido, y renueva tu compromiso para enmendar tu vida.

Atención: el demonio puede tratar de aprovecharse de tu caída diciéndote: “Debido a que tienes que ir a la Confesión, antes de ello date el lujo de pecar otra vez. ¡Esta es otra mentira que no debes creer! Tú no sabes cuándo morirás, y no puedes estar seguro de que podrás confesarte con un sacerdote antes de morir. Es por eso que tienes que arrepentirte e ir en ese momento con Dios, en vez de agravar tu pecado. Puedes hacer un Acto de Contrición perfecta en cualquier momento y decidirte ir a la Confesión lo antes posible. En caso de que mueras antes de recibir el Sacramento de la Confesión, ese Acto de Contrición Perfecta borrará esos pecados.

Finalmente, ¡no te rindas! No pierdas la esperanza en la Divina Misericordia. No te sientas tan avergonzado como para no ir a la Confesión. De hecho, a veces nuestra decepción con nosotros mismos cuando hemos pecado es un signo de orgullo. Quizás esperabas demasiado de ti mismo. Pero nuestro Señor no tiene esas ilusiones. Él sabe exactamente qué frágil eres espiritualmente, y por ello Él es tremendamente misericordioso. Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por sus fieles, porque sabe de qué barro estamos hechos; él recuerda que somos polvo (Sal 102, 13-14). Las caídas nos enseñan lo débiles que somos y lo mucho que necesitamos del perdón y de la gracia de Dios. Quizá por eso Dios permite que tengamos caídas ocasionales: para enseñarnos a no confiar en nosotros mismos, sino solamente en Él.

Y cuando salgamos perdiendo en el combate, nunca debemos olvidar que el Inmaculado Corazón de María es también refugio seguro de los pecadores. El invocar su nombre nos hará hallar la gracia del arrepentimiento, seguida de la gracia de la absolución. ¿Quién mejor nos puede afianzar en la perseverancia que la Virgen fidelísima?

Todos vosotros santos penitentes, rogad por nosotros.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Trigo y cizaña

Escultura muy perra
“Yodi”, con ese nombre develaron la escultura de un perro callejero, esta semana, afuera del Hospital Veterinario de la UACJ. El propósito es invitar a la gente a tomar conciencia de que tener una mascota es una responsabilidad. Se calcula que por las calles de Ciudad Juárez deambulan 150 mil perros, muchos de los cuales son abandonados irresponsablemente por sus dueños. Yodi nos dice que los perros son un regalo de Dios para el hombre: brindan compañía para muchas personas que viven solas, sensibilizan a los niños a tener cariño y a cuidar de la creación, alertan a sus dueños de eventuales intrusos en los hogares y algunos ejemplares hasta sirven como rescatistas después de los terremotos.

Los animales son una bendición de Dios y debemos amarlos. Eso no significa que nuestra relación con ellos sea igual que con los seres humanos. En una visión cristiana de la vida, los animales, en la escala del ser, ocupan un grado inferior a los hombres. Aunque son criaturas sensibles, no son seres espirituales. Hoy existe la fuerte tendencia a humanizar a los animales, colocándolos al mismo nivel de dignidad que tenemos los seres humanos. Los grupos animalistas no distinguen jerarquías ni aceptan que los animales fueron creados para servir a la humanidad.

Una visión adecuada de los animales es la que nos lleva a amarlos a todos, pero asignándoles una función al servicio del hombre. Con algunos podemos jugar y sentir su cariño; a otros podemos montarlos y jugar carreras con ellos, o usarlos como bestias de carga; otros sirven para darnos el desayuno en las mañanas o los tacos de mediodía, y otros más para hacer espectáculos como el circo, la charrería e, incluso, la fiesta brava. Felicidades a los veterinarios haber colocado a Yodi en un pedestal.

Migración, nuestra riqueza
(Misa binacional en la frontera Ciudad Juárez-El Paso, 4 nov. 2017)
Un fuerte aplauso merecen los obispos norteamericanos. Ellos se han convertido en los principales defensores de los inmigrantes en Estados Unidos. Lo demostraron esta semana al redactar una carta dirigida al Gobierno federal, llamándoles urgentemente a implementar una reforma migratoria que conceda estatus legal a 11 millones de indocumentados. A muchas parroquias estadounidenses llegan los migrantes porque saben que la Iglesia no tiene fronteras y es la casa de Dios que los acoge. Con razón Mark Seitz, obispo de El Paso, ha señalado en su carta pastoral que los inmigrantes son ciudadanos del cielo, y que las iglesias de su diócesis siempre los recibirán y les brindarán protección.

El obispo Seitz ha mirado la angustia en la que viven los inmigrantes de su diócesis, a menudo por la separación de sus familias, y ha calificado las leyes migratorias actuales como una herida para nuestra frontera. Ha llamado ‘escribas y fariseos’ a quienes tratan de hacer cumplir los detalles de la ley mientras que ponen cargas insoportables sobre las familias y sus niños.

El área de Ciudad Juárez y El Paso lleva en sus genes la vocación a proteger a los migrantes. Por aquí pasó Juan de Oñate y su gran caravana en 1598, quienes fueron acogidos por los indios mansos. Vivimos en un cruce de caminos entre el norte y el sur, primero por el Camino Real que conectaba la Ciudad de México con Santa Fe, y después por la vía ferroviaria que enlazaba al Atlántico con el Pacífico. En la Misión de Guadalupe se refugiaron los que huyeron de la Misión de Senecú por la rebeldía de los apaches en 1680. El Paso brindó protección a los que huyeron de la violencia de la Revolución Mexicana, y más tarde a los sacerdotes y seminaristas que se sintieron amenazados por la persecución religiosa en México. Chinos e irlandeses llegaron a construir el ferrocarril para conectar los dos océanos. Miles de connacionales han llegado en las últimas décadas a nuestra frontera atraídos por la industria maquiladora. Nuestra historia nos define. Somos región binacional enriquecida por la migración y llamada a acoger a quienes vienen a nosotros.

Buen Fin para los pobres
La frontera México Estados Unidos está plagada de ofertas que anuncian el “Buen fin" y el “Viernes negro". Maquiladoras y negocios han iniciado la repartición de ahorros y aguinaldos para que los trabajadores puedan aprovechar los descuentos. Sólo me gusta el buen fin por un motivo: aprovechar las rebajas en algún producto que realmente necesito. Gastar por gastar sin realmente necesitar los artículos es derrochar el dinero, lo que contradice la vocación a la pobreza a la que todos los cristianos estamos llamados.

Quizá la expresión “vocación a la pobreza” asuste y sorprenda a muchos católicos. Sin embargo el papa Francisco nos ha recordado, en su mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres, que en este domingo celebramos, que la pobreza debe ser ideal de todo cristiano. No se trata de amar vivir en la indigencia ni el hambre como estilo de vida, sino de seguir a Jesús pobre en nuestra manera de utilizar los bienes de la creación. Es aprender a relacionarnos con ellos con espíritu de sabiduría y desprendimiento. “La pobreza -dice el Santo Padre- significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de la omnipotencia... Es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de la vida y condición para la felicidad”. Es, por supuesto, desarrollar un sentido de responsabilidad hacia los que menos tienen y aprender a confiar en la Providencia de Dios.

Ojalá que este “Buen fin”, también lo sea para los más necesitados que esperan que alguien les dé una mano amiga, compartiéndoles un poco de lo que hay en su mesa.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Trigo y cizaña

Se derrumba el templo
El domingo 5 de noviembre se derrumbó una parte del templo de Nuestra Señora de Guadalupe, parroquia del Valle de Juárez. Gracias a Dios los daños únicamente fueron materiales. Sin embargo no deja de ser un golpe duro para la comunidad y su párroco, el joven sacerdote Lalo Mendoza. Aunque en un principio perder un templo puede ser muy doloroso, creemos que en todo obra el Señor, y que todo concurre para bien de los que lo aman. Si Él lo permitió, tengamos la certeza de que es para crecimiento y santificación de sus hijos. Las cruces grandes y pequeñas que encontramos en el camino transforman nuestros dolores en fuente de bendiciones. Estemos seguros de que la comunidad parroquial que hoy en el Valle llora la pérdida de su recinto sacro, se verá bendecida con virtudes de solidaridad, de generosidad y de comunión con su párroco. “Al ir iban llorando, llevando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” enseña el salmo. Nuestra cercanía y cariño con ese gran sacerdote que es el padre Lalo.

Una norteamericana en la Misión de Guadalupe
El martes 7 de noviembre estuvo la primera dama de El Paso Texas en nuestra ciudad, la distinguida y encantadora señora Adair Margo. Ella impartió una conferencia en La Custodia de San Pablo, ese restaurante y museo taurino de nuestra ciudad que José Mario Sánchez Soledad abrió como un esfuerzo para ponernos en contacto con nuestras raíces históricas. La señora Margo, estudiosa del arte de nuestra región binacional, hizo su tesis de maestría en la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe. Tanto fue su enamoramiento de nuestra Misión que la llevó como modelo para construir la casa en la que ella y su esposo, el alcalde de El Paso, habitan.

Gente del gobierno municipal, de la UACJ y de la iniciativa privada tuvimos el deleite de escucharla, y así sentirnos un poco avergonzados de no conocer y apreciar el edificio que se convirtió en la piedra angular del desarrollo de Ciudad Juárez y El Paso. Vinieron a mi memoria las palabras del papa Francisco: “Un pueblo sin raíces es un pueblo que no tiene futuro”. Una buena manera de mostrar las raíces católicas de la ciudad a los jóvenes de nuestras parroquias son las visitas guiadas a la Misión de Guadalupe que ellos pudieran hacer como parte de su formación en la pastoral juvenil.

Combate por la educación sexual
Muy activo se ha puesto el Grupo Estatal de Prevención del Embarazo en Adolescentes (GEPEA) en el Estado de Chihuahua. Su estrategia es dar educación sexual en las escuelas del estado y evitar los embarazos con anticonceptivos, lo que lo convierte, tarde o temprano, en un grupo promotor del aborto legal. A pesar del fracaso monumental que ha tenido este tipo de educación para prevenir los embarazos y las enfermedades, el GEPEA y otros muchos grupos insisten en mantener a los jóvenes y niños en un triángulo perverso: en las escuelas reciben educación sexual hedonista, lo que los lleva a una vida sexual activa, la cual conduce al uso de anticonceptivos, a más promiscuidad, más embarazos, más enfermedades de transmisión sexual y al aborto. Cuando esto ocurre, las ONG’s concluyen que algo ha fallado y que, por lo tanto, necesitan impartir más educación sexual. Así se cierra el triángulo diabólico que mantiene a nuestra juventud prisionera de sus instintos.

Los programas verdaderamente efectivos para prevenir embarazos son los que educan a los niños y jóvenes en el respeto al cuerpo, en el pudor, en la conciencia de la dignidad de la persona y en la abstinencia sexual hasta el matrimonio. Por eso muchas ONG’s harán lo imposible por impedir que estos programas, que aunque no son religiosos y están basados en hechos científicos, se impartan en las escuelas públicas de Chihuahua.

martes, 7 de noviembre de 2017

Romance del alumno de una escuela moderna y avanzada



Esta poesía satírica fue publicada en un boletín parroquial la parroquia de San Bartolomé y San Jaime, en un pueblo de Castellón, España, el domingo XXX del Tiempo Ordinario de 2017. Admirable es quien supo poner en versos los estragos que está causando en el mundo la ingeniería social del llamado Nuevo Orden Mundial que, con sus ideas socialistas y liberales, pretende revolucionar la historia de la humanidad con el perverso propósito de reducir dramáticamente la población del planeta. Una de sus principales estrategias es controlar la educación escolar para impartir educación sexual hedonista.

Papá, por favor, escucha:
llévame a un cole normal.
Que este colegio de ahora
Me está empezando a asustar.

Me dicen que lo moderno,
Es ser experimental,
Que lo único importante 
Siempre es la diversidad, 

Con libertad creativa
Y autonomía moral
(Y si el maestro lo dice, 
Tendrá que ser la verdad). 

De los niños de mi clase
No hay dos que sean igual,
Porque aquí los profes quieren 
Mucha originalidad: 

A Juan le gustan las niñas
Igual que a ti mi mamá,
A Curro, niñas y niños, 
Para mayor variedad; 

A Pedro sólo los niños
Que al fútbol saben jugar;
Vicente no se decide, 
prefiere experimentar; 

Mari tiene dos espíritus
En lucha trascendental;
Estela quiere operarse 
Y ser por fin como Juan; 

Santi dice, muy contento,
que él siempre está más allá
de los roles que ha creado 
la sociedad patriarcal; 

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.
Yago, además de su padre, 
Tiene también dos mamás 

Y Javi, cada semana,
Estrena un nuevo papá;
A Yennifer la ha criado 
Una comuna ilegal 
Y no conoce a su padre 
Ni a su madre, ¡qué más da! 

El padre de Alba se llama
“Insemin. Artificial”,
Porque su madre pensaba 
Que así se iba a realizar; 

Hay familias numerosas
Como la de Maripaz,
Porque suman cuatro “hermanos” 
(Ella, dos gatos y un can) 
Y, según dicen sus padres, 
Quieren a todos igual. 

Joaquín es niño probeta
Y cuando se va a acostar
Le da siempre un par de besos 
A su tubo de cristal, 
Porque sus padres trabajan 
Día y noche sin parar. 

Yo los quiero mucho a todos,
Como amigos de verdad,
pero me siento muy raro 
Por tener mamá y papá. 

Los otros niños se ríen
Hasta que me hacen llorar
Y dicen que somos pobres 
Y no podemos pagar 
Un divorcio en condiciones 
Como hacen los demás. 

Otros piensan que es un virus
Que se puede contagiar
Y que los médicos llaman 
“Familia tradicional”. 

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.
Es que, en éste, no me dejan 
Estar ni vivir en paz 

Y en cuanto abro la boca
siempre termino fatal,
Pues si le respondo al profe 
Que algo está bien o está mal, 
O defiendo el matrimonio 
(Salvo el homosexual), 
Hablo de amor para siempre, 
Respeto y fidelidad, 
O pienso que mis hermanos 
Valen más que un animal, 
Me castiga por listillo 
Y por ser un radical.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal,
Que aquí lo raro es la norma 
Y no existe la verdad.

Confesionario sin absolución: tengo miedo de que Dios no exista

La pregunta: Hola padre, buenas noches, últimamente he pasado por muchas dudas, mi fe no ha estado firme y quería preguntarle ¿qué puedo hacer para aumentar mi fe? Ya llevo aproximadamente tres meses con bastantes dudas y un miedo muy grande de que Dios no exista. Eso me causa mucho sufrimiento. A veces el miedo se calma pero sigue volviendo. Esta crisis ya me había pasado hace aproximadamente tres años pero conocí al padre Carlos Márquez; nos hicimos muy buenos amigos y me ayudó mucho. Después de que me volví a sentir feliz, poco a poco fui alejándome de Dios y de la Iglesia y volví a esta crisis de estar dudando sobre si Dios existe y sobre muchas cosas más. No sé qué hacer para que este miedo se vaya y mi fe esté muy firme. Tengo muchas razones para creer, ya sea por la razón o por las experiencias de mis conocidos. Todo me lleva a que Dios existe, pero siempre está la pregunta ¿y si no?

Padre Hayen: antes de contestar a tu pregunta sobre cómo aumentar la fe, veo que hay dos cosas que te preocupan. Primero, la existencia de Dios. Y, segundo, aunque no lo dices explícitamente, te inquieta saber si hay vida después de la vida, si cuando cierres los ojos a este mundo, los abrirás en una nueva forma de existencia y si verás a Dios, cara a cara.

No voy a tratar de convencerte de la existencia de Dios con argumentos filosóficos. Para eso puedes consultar obras de filosofía de la religión o de teología fundamental. Aquí simplemente te pido que trates de contemplar con los ojos limpios de un niño y con un corazón humilde la inmensidad del universo, donde resplandece el poder, la sabiduría y el amor del Creador. Puedes observar una gota de rocío, la inmensidad del mar o las lejanas galaxias, y te darás cuenta de que existimos en medio de una explosión de belleza divina. Cada criatura es un regalo que nos remite a Dios, pero sólo los corazones humildes se abren a la adoración y a la acción de gracias.

El esplendor de Dios, aunque brilla en la inmensidad del cosmos, está presente, sobre todo, en el interior de tu alma. No podrías contemplar a Dios fuera de ti, si Él no viviera en ti. Si tu cuerpo fue formado de la tierra, y a la tierra un día regresará, tu ‘yo’ interior es como un rayo de luz que brota del mismo Dios. No eres Dios, por supuesto, pero por tu inteligencia y tu capacidad de amar, y de vivir en comunión con Él, eres imagen suya en la tierra. Insisto en que para que encuentres la majestad de tu Creador debes de ser humilde y reconocer tu pequeñez de criatura. Muchos no pueden vislumbrar la existencia de Dios por su soberbia y su corazón endurecido.

¿Habrá vida después de esta vida? Muchos hombres creen que la muerte es la disolución total de la persona, incluida su conciencia. Sin embargo Jesucristo dijo “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc 18,27). Las religiones de los pueblos creen firmemente que la muerte es sólo una separación del alma y del cuerpo. Cuando llega la muerte, el hombre no desaparece del todo porque su alma inmortal abandona el cuerpo y continúa subsistiendo. El ‘yo’ espiritual no muere sino que entra en la dimensión definitiva de su destino eterno. Mientras que para un ateo la muerte es el fin, para un cristiano es el inicio.

¿Cómo aumentar la fe? Primero, debes pedirla al Cielo, porque la fe es un regalo que viene de Dios a las personas que son humildes. Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Ten por seguro que Dios te la concederá si, además de implorarla, te pones a la escucha de la Palabra de Dios. Tantas veces hacemos largas oraciones a Dios, y sentimos que nuestra fe no es fuerte. La fe no crece porque solemos cometer la equivocación de dirigirnos a Dios únicamente para pedir por nuestras necesidades -como si Dios fuera alguien al que le tronamos los dedos para que nos cumpla lo que le pedimos-, y nos olvidamos que lo más importante de nuestra oración es escuchar a Dios.

Un ejercicio que te ayudará es la ‘Lectio Divina’, es decir, la escucha orante de la Palabra de Dios. Por este método podrás leer la Palabra, meditarla, orar con ella y ponerla en práctica. Te aconsejo que adquieras la 'Biblia de nuestro Pueblo con Lectio Divina'. No quedarás en desilusión porque trae, en cada capítulo, un ejercicio de lectura orante de la Palabra. Si dedicas unos momentos del día a ponerte con humildad a la escucha de la Palabra, con hambre de Dios, no sólo tu fe aumentará, sino también tu esperanza de alcanzar el Cielo y la caridad, que es la infusión de amor que Dios dará a tu corazón. De esa manera cualquier cosa que hagas tendrá el dulce sabor de la presencia divina.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

A la muerte del padre Ignacio Villanueva

Méteme, Padre eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar.  (M. de Unamuno)

La muerte de monseñor Ignacio Villanueva ocurrió el primero de noviembre, solemnidad de Todos los Santos. Ello es un signo. Sus últimos años el padre los vivió en los altos hornos del sufrimiento, donde el fuego purifica el oro. Desde que concluía su servicio en catedral, en 2013, ya daba señales de agotamiento físico. Más tarde, al caminar por las calles del centro histórico, sufrió una caída que aceleró su deterioro. Entonces creíamos que iba a morir, pero no fue así. Monseñor se quedó unos años más para acompañar a Jesús en su Pasión y expiar por las faltas del mundo pecador.

Tras varios años de estar juntos sirviendo a la diócesis en el mismo decanato, recordaré a monseñor Villanueva como el hombre lleno de bondad que me recibía en el confesionario con una sonrisa, como aquel ministro de Dios que siempre me animó a continuar con mi vocación al sacerdocio. Lo llevaré en mi memoria como aquel sacerdote que desbordaba su amor a la Virgen, como el que acompañaba al Pueblo de Dios desgranando las cuentas del Rosario todos los días como antesala de la santa misa, como un padre dispuesto a ayudar a sus hermanos sacerdotes en sus necesidades.

En los últimos años de su vida el padre Villanueva perdió el habla. Dicen que se comunicaba guiñando sus ojos. ¿Cómo transcurriría el tiempo en su interior? ¿De qué hablaba con Dios? Me hago esta pregunta porque siempre que lo veía en su silla de ruedas mostraba su semblante sereno, imperturbable, ciertamente en parte debido a su enfermedad. Así vivió sus últimos años, cumpliendo en su cuerpo la profecía del Señor a Pedro: “Otro te llevará a donde no quieras”.

Aunque a los mayores no les agrade a dónde los lleven, esos ‘otros’ son demasiado importantes para los ancianos o los enfermos. Ese ‘otro’ para el padre Villanueva fue el padre Efrén Hernández Navejas, párroco de La Sagrada Familia. Tutor, lazarillo, guía, vigilante, cirineo, cuidador, amigo y hermano, el padre Efrén cumplió con la hermosa misión de hacerse cargo de un hermano mayor suyo en el ministerio. En un bello gesto de fraternidad sacerdotal lo llevó consigo para cuidarlo durante años, junto con Martina, la hermana de padre Villanueva. Me pregunto quiénes serán los que me acompañarán al pie de la cruz cuando me encuentre en la agonía de mi propio calvario.

Al recordar a monseñor Villanueva en aquellos lejanos años de mi infancia, en los que fue mi párroco en Nuestra Señora del Sagrado Corazón; al recordarlo cuando conviví con él en el sacerdocio y, por último, cuando lo miré crucificado sobre su gólgota, pienso en el tiempo que se nos escapa como agua entre los dedos. ¿Cómo vivo el sacerdocio que Dios me regaló? ¿Con qué pasión e intensidad hago lo que hago?

Cuentan que cuando san Luis Gonzaga era novicio, estando en un juego de pelota en uno de los recreos, sus compañeros se divirtieron haciendo repentinamente una pregunta. Se dijeron de golpe: “Si supiéramos de pronto, en este mismo momento, que el Juicio Final tendrá lugar dentro de veinticinco minutos, ahora son exactamente las once y diecisiete, ¿qué harían ustedes?” Algunos pensaron en ejercicios espirituales, otros en hacer oración, hubo quienes dijeron que se apresurarían al confesionario, algunos se encomendarían a la Virgen y otros a sus santos patrones. Luis Gonzaga simplemente dijo: “Yo continuaría jugando a la pelota”.

Parecería que el santo jesuita era frívolo con esa respuesta, pero no lo era. Tampoco era que la vida y la muerte le importaran un cacahuate. Lo inmediato de la muerte no lo paralizaba. El juego de la pelota no era una simple distracción para él, sino que era su tarea que como hombre tenía en aquel momento. Luis Gonzaga vivía con amor e intensidad su entrega a Dios en todo lo que hacía. Para él lo importante no era la grandeza de lo que se hace, sino la verdad y el amor con que se hace.

Estar frente al ataúd abierto del padre Villanueva y rezar ahí por él me hizo pensar en que pronto estaremos como él, en un cajón fúnebre. No importa si eso ocurre mañana o dentro de cincuenta años. Lo cierto es que el tiempo corre velozmente, y el que ahora tenemos es un regalo. Recordar la muerte de nuestros seres queridos nos hace vislumbrar la meta a la que hemos de dirigir nuestra carreras.

Ignoro cuántas misas me quedan por celebrar, los feligreses para escuchar en confesión, los momentos de oración, de diversión o de convivencia con los fieles de mi parroquia me esperan. Tampoco sé cuántos momentos vendrán para departir con mis amigos o las ciudades nuevas que conoceré. No lo sé. Lo único que pido al Señor es que, sin perder sentido del humor, lo haga todo con profundidad, es decir, que todo se ordene con vistas hacia el encuentro con Dios.

Entonces sí, como dice Fabrice Hadjadj “jugaremos a la pelota como jugaríamos con los ángeles. Plantaremos árboles como se siembran oraciones. Acogeremos al cliente que viene a abrir una cuenta como al Mesías que viene a abrir nuestras almas”.

jueves, 26 de octubre de 2017

Pequeñas meditaciones sobre la muerte

La muerte 1
Holanda legalizó la eutanasia en 2002. Bélgica, Luxemburgo, Suiza y Canadá también lo hicieron. En cinco estados de la Unión Americana es lícito el suicidio asistido: Vermont, Oregon, California, Washington y Montana. En varias naciones el tema se discute. En aquellos lugares donde la eutanasia podía aplicarse sólo a enfermos terminales, poco a poco las razones se fueron ampliando, y hoy se discute si es aplicable a las personas que están, simplemente, cansadas de vivir.

La cultura laicista y consumista nos dice que no hay Dios por el que vivir y morir y resucitar gloriosos; no hay exigencias morales a las que someterse, y que la vida sólo vale la pena mientras consumamos sus artículos para olvidar nuestra desesperanza. En las sociedades donde desaparecen los ideales religiosos, por los cuales las personas se entreguen hasta dar la vida por ellos, se abre el camino del asesinato y del suicidio. La gente muere en esos países porque desaparece la Verdad a la que deseen entregar sus vidas.

"Es cierto que la muerte está al final de cada camino -dice Fabrice Hadjadj-, pero sólo uno de ellos es digno, sólo uno es el camino de la Vida: el empinado, con baches y con un calvario plantado en la cima”. El que se desgasta por la alegría que viene.

La muerte 2
Antiguamente se hablaba frecuentemente de la muerte, tanto así que en las viejas bibliotecas abundaban las “preparaciones para la muerte”. Durante el Renacimiento se escribieron muchas obras sobre el arte de morir. Hoy la más popular es la de san Alfonso María de Ligorio, de venta en librerías católicas. Curiosamente en aquellos años las meditaciones sobre la muerte engendraban un amor a la vida y una cultura de la vida. Hoy se huye de la muerte, no se quiere hablar de ella. Queremos prolongar nuestra juventud lo más posible con dietas, ejercicios, cirugías plásticas y mejunjes antiarrugas. De esa manera y sin darnos cuenta se engendra la cultura de la muerte. 

La actividad sexual, que antes servía para transmitir la vida y unir a la pareja, hoy se ha cerrado a la vida y se practica por diversión o placer. Se repite con insistencia que todo es lícito y que hay que vivir el momento, que es un derecho de los jóvenes y los niños. De esa manera los hombres van por la senda de las enfermedades sexuales, la anticoncepción y el aborto. A los ancianos se les aparta y se les abandona. No queremos, en ellos, ver la muerte de cerca. Así se insinúa la tentación de legalizar la eutanasia. Se sueña con la pareja ideal, pero una vez que los esposos se dan cuenta de que el matrimonio no es una prolongada luna de miel, sino una lucha de todos los días, se quieren tirar por la ventana. Y la cultura de la diversión en que vivimos termina por sofocar toda vida espiritual.

Sí, nos hace falta ver la muerte más de cerca y aprender a morir. Sólo así podremos amar la vida y engendrar una cultura de la vida.

La muerte 3
El día de los muertos en Ciudad Juárez no es solamente una batalla de costumbres, en la que el juarense busca preservar su identidad mexicana frente a la celebración consumista de Halloween de sus vecinos. Es un combate por no perder una visión de la vida y de la muerte que nos transmitieron nuestros antepasados. Generaciones anteriores integraban constantemente la muerte en la vida. Se reverenciaba más a los difuntos y había más inquietud por el más allá.

Esta batalla por la identidad la pierden muchos migrantes que pasan por esta ciudad. Gente de Michoacán, Guanajuato, Oaxaca, Guerrero y otros estados del centro y sur del país, cuando se integran a la vida de Estados Unidos, se separan del contacto con las sabidurías tradicionales de sus pueblos. La muerte deja de ser familiar para ellos. En la sociedad norteamericana no se piensa en la muerte. La cultura del consumo la combate y la empuja lejos de la vida de las gentes. Allá se mira por encima del hombro a los pobres subdesarrollados, a quienes se les propone ser productivos. El ideal es avanzar económicamente para llegar a ser consumidores competentes y liberales agnósticos.

Preservemos el día de los muertos en México. Nos recuerda que tenemos una riqueza y una visión de la vida que nuestros vecinos, los güeros, no tienen. Nuestra sabiduría tradicional tiene más hondura que sus adelantos técnicos.

martes, 17 de octubre de 2017

El atormentado Martín Lutero

Las comunidades cristianas nacidas de la Reforma Protestante están convocando, por todo el mundo, a celebrar la ruptura que tuvo Martín Lutero con la Iglesia Católica. El hecho simbólico del inicio del protestantismo son las 95 tesis que, como protesta, Lutero dejó clavadas en la puerta de una iglesia de Wittemberg, Alemania, el 31 de octubre de 1517.

Mientras que los luteranos y sus miles de comunidades derivadas lo celebrarán con júbilo, los católicos, lejos de felicitar a los protestantes, lamentamos profundamente lo ocurrido hace cinco siglos. Creemos que el mundo hoy marcha bastante mal a raíz de aquella ruptura que dividió la unidad de la única Iglesia fundada por Jesucristo.

Entendamos el origen de la fractura entre el primero de los protestantes y la Iglesia Católica. En aquel tiempo Lutero, quien fuera monje agustino, se hacía varias preguntas: ¿cómo se puede entender esa acción misteriosa y real de la gracia santificante de Dios en el hombre embargado por el pecado?, ¿cómo la Iglesia puede transmitir, sin errores, el mensaje de la salvación?, ¿por qué es necesaria la mediación de la Iglesia?

Los católicos anteriores a Lutero y los de los siglos precedentes, no hemos tenido ninguna dificultad con estas preguntas. Creemos que el hombre fue creado con libertad para responder a Dios, y si el pecado entró en el mundo –con todas sus consecuencias de sufrimiento y muerte– fue por la rebeldía de los hombres contra Dios. A pesar de ello, Dios no abandonó al hombre sino que envió a su Hijo Jesucristo como víctima para reparar los pecados de la humanidad y para fundar una sola Iglesia bajo la guía de san Pedro y sus sucesores, los papas. De esta sencilla manera los católicos armonizamos la Creación y la Redención, la gracia y la libertad, y creemos que sólo en la Jerusalén celestial -Iglesia en la gloria y libre de pecado- esta obra divina en los hombres llegará a su plenitud.

Lutero no lo creía así. Era un hombre atormentado por el peso del pecado. Experimentaba la rebeldía de la carne y no podía encontrar la paz del alma. Su director espiritual le aconsejó sabiamente que se abandonara a la Providencia y a la Misericordia infinita de Dios. Pero Lutero quería llegar, a toda costa, a tener evidencias, verdades absolutas a las que adherirse con todo el corazón. No aceptaba que el hombre en la tierra debiera caminar entre luces y oscuridades. Esto hizo que se apartara lentamente de los misterios de la fe católica.

En cierta ocasión dijo a la autoridad romana: “A menos de ser convencido por pruebas de la Escritura y por razones evidentes –pues no creo ni al papa, ni a los concilios solos, los cuales es cierto que se han equirocado con frecuencia y se han contradicho–, me encuentro ligado por los textos que he aducido, y mi conciencia está cautiva en las palabras de Dios. Ni puedo ni quiero retractarme, porque no es ni seguro ni conveniente ir contra la propia conciencia”.

Lutero consideraba que la conciencia moral personal del hombre era absoluta, y este fue su error. Él rechazaba los canales ordinarios por los que Dios comunica sus planes. La Iglesia Católica sigue y seguirá afirmando que Dios ha dejado, de manera objetiva, estos conductos que son, principalmente, los sacramentos por los que el hombre se afianza en la vida interior, y el Magisterio de la Iglesia como guía segura para el Pueblo de Dios.

El atormentado monje, prisionero de su conciencia subjetiva, concluyó que el hombre pecador nada podía hacer para salvarse. Y afirmó que Jesucristo ya había sufrido para perdonar nuestros pecados y darnos la salvación. Para que el hombre se salvara, bastaba que, por medio de la fe, se le aplicaran los méritos de Jesucristo.

Lutero creía que la naturaleza humana estaba totalmente corrompida por el pecado; decía que el hombre no tenía libertad para vencer sus tentaciones, y negaba la gracia de los sacramentos. Jesucristo podía perdonarlo y salvarlo, pero no quitarle el pecado. La Iglesia, por lo tanto, ya no era necesaria. Bastaba la sola fe y la libre interpretación de las Sagradas Escrituras para iluminar la conciencia y ordenar la propia vida. En eso, según él, estaba el Espíritu Santo. A propósito escribía Leonardo Castellani: “Desde que Lutero aseguró a cada lector de la Biblia la asistencia del Espíritu Santo, esta persona de la Santísima Trinidad empezó a decir unas macanas espantosas”.

Castellani tiene razón. Las comunidades cristianas nacidas de las ideas de Martín Lutero se fueron fragmentando por predicar enseñanzas contradictorias entre sí. Lutero, Calvino, Zwinglio, más tarde Enrique VIII, todos se proclamaban los auténticos reformadores cuando lo que hicieron, en realidad, fue atomizar el cristianismo. Tras la obra de aquellos reformadores, ¿dónde quedó la unidad querida por Cristo? ¿Dónde la única y verdadera Iglesia? 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Confesionario sin absolución: Mi hermana sale de su cuerpo para viajar

La pregunta: Hola padre, buenas tardes, acudo a usted en busca de un consejo; no sé qué hacer, tengo una duda muy grande. Una de mis hermanas asegura que puede ver espíritus, adivinar cosas que ocurrirán o saber qué nos duele físicamente, tan sólo con vernos. También dice que puede curar y salirse de su cuerpo, viajar y visitarnos, ver cómo estamos y muchas cosas más. Yo tengo miedo porque no sé qué creer, y no quiero faltarle a Dios. Pero mi hermana es una persona seria, que no creo que me esté engañando, no sé qué pensar o cómo actuar.

Padre Hayen: ese tipo de facultades que dices que tiene tu hermana, se llaman ‘fenómenos místicos extraordinarios’. No sé qué grado de unión haya alcanzado tu hermana con Dios, pero cuando una persona ha llegado a altos niveles de contemplación a través de la oración, de la caridad y la unión con el Señor, esos fenómenos pueden ocurrir. Así sucedió en la vida de grandes místicos como santa Gema de Galgani, san Juan de la Cruz o santa Teresa de Ávila. ¿Habrá llegado tu hermana a esos niveles de mística cristiana? Si no es así, lo más probable es que se trate de una psicología perturbada, o de fenómenos diabólicos.

Pronosticar hechos futuros y salir del cuerpo para viajar apunta más al esoterismo que a vida cristiana. En el mundo esotérico se habla de viajes astrales y de visiones del futuro. Pero nos preguntamos, ¿qué utilidad puede tener un viaje astral y la adivinación para la edificación del Reino de Dios? Ninguna. El futuro sólo pertenece a los secretos de Dios y nadie puede conocerlo. Es cierto que han habido santos, como san Juan Bosco, que tuvo sueños y profecías pero, repito, Dios lo concede raramente a personas santas y para la salvación de las personas.

El viaje astral es una experiencia en aquellos que padecen algún desorden emotivo. Muchas personas en estado de duermevela sienten que caen en el vacío o que salen fuera del cuerpo. Pueden escuchar voces y ver diversos seres.

Estos fenómenos son sólo proyecciones de la mente y no hechos reales. Son un autoengaño. Suelen ocurrir cuando la persona va saliendo del sueño profundo hacia el estado de conciencia. Ahí se puede tener la sensación de ver el propio cuerpo como una realidad separada. Todo queda como una experiencia subjetiva, es decir, queda sólo dentro del sujeto que tiene esas sensaciones. Es muy posible que la causa sea haber visto películas fuertes, la sugestión mental o haber entrado en el mundo esotérico.

La bilocación, en cambio, es un fenómeno místico auténtico y objetivo. Hay personas que vieron a algunos santos en algún lugar, cuando de manera simultánea se hallaban en otro sitio. San Martín de Porres tenía este don, así como también san Pío de Pietrelcina y sor María de Ágreda, la monja española que visitaba a los indios de Nuevo México en el siglo XVII para evangelizarlos, cuando ella nunca dejó su convento en España. La bilocación es un hecho objetivo, real y con testigos, mientras que los viajes astrales son sólo subjetivos e irreales.

Si una persona trata de salir de su cuerpo o hacer curaciones con el poder de la mente; si creyéndose médium trata de contactar a espíritus, que son los muertos, únicamente se sugestionará. Si persiste en ello, probablemente desarrolle enfermedades mentales como la esquizofrenia, o bien se expone a ser perturbada por demonios. El espiritismo es un fraude y su práctica es un pecado contra el primer mandamiento, que nos invita solamente a confiar en Dios.

Si tu hermana es humilde y quiere poner toda su confianza en el Señor, ella misma debe pedir a Dios que la aleje de esas experiencias. Nuestra relación con Dios, aquí en la tierra, es a través de la fe y no por medio de visiones, apariciones y mucho menos por viajes fuera del cuerpo. Lo que eleva nuestra condición humana es ejercer la conciencia, la inteligencia y la voluntad. No se entiende entonces cómo las experiencias hechas en la semi-inconsciencia pueden elevar al hombre. Por eso hemos de evitarlas y huir de ellas.

Por último te aconsejo que no des tu asentimiento a lo que te dice tu hermana. Es peligroso porque puedes empezar a poner tu fe y tu confianza, más en lo que ella te dice que en el mismo Dios. Si no quieres terminar confundida, cree a Dios y a la Iglesia, no a las experiencias de tu hermana. Aconséjala que consiga un sacerdote que pueda ser su director espiritual para discernir bien qué es lo que le sucede y ore por ella.

A ti, que Dios te mantenga en el camino de la fe a través de la oración, la catequesis y la caridad a tus hermanos, y que Santa María interceda por ti.

Trigo y Cizaña

Murió el creador de Playboy
Hace unas semanas murió Hugh Hefner, el magnate creador de la revista Playboy. Cuando Hefner publicó su primer ejemplar de la revista en 1953, la estrategia era llevarla a los distribuidores como pornografía ligera, e introducirla al mercado como una revista de estilo de vida. Así comenzó un cambio cultural en la imagen pública de la pornografía. Para el lector, las fotos de mujeres desnudas eran uno de los muchos atractivos de la publicación. Leer Playboy era pertenecer a una élite cultural que discutía sobre filosofía y consumía alimentos de la clase media alta. El objetivo era introducir la pornografía como algo socialmente aceptado para acabar con una sociedad a la que se consideraba sexualmente reprimida.

Hugh Hefner contribuyó a abrir a la sociedad al mundo del porno y, con ello, a empujar a la humanidad hacia la adicción a esta actividad. Para muchos, la obsesión con la pornografía empezó por hojear un ejemplar de Playboy y continuó con imágenes más fuertes. Hoy millones de adictos sufren por no tener la fuerza de voluntad para regular sus deseos, impulsos y pasiones, y son incapaces de integrar la sexualidad con el amor verdadero. Una sociedad de personas maduras, felices y familias fuertes nunca será una sociedad donde abunda la pornografía y el vicio.

Recuperar el centro histórico
Los gobiernos estatal y municipal han determinado que el rescate del centro histórico de Ciudad Juárez es un proyecto de primera importancia. Urge hacerlo, porque durante las últimas décadas hemos visto un interés exclusivo de los gobiernos por promover el desarrollo económico. Muchos juarenses observamos con pesadumbre que, justamente por alentar sólo la economía, no se le da importancia a la preservación de los edificios históricos y espacios públicos como parte del fortalecimiento del amor a nuestra tierra. Los inmigrantes son una riqueza pero también son un reto para despertar en ellos el cariño y el arraigo en Ciudad Juárez. A ello contribuye el rescate del centro histórico.

Cuando visitamos una ciudad descubrimos la personalidad que esta tiene a través de su centro histórico. El cuidado a sus monumentos, a sus edificios y sus plazas refleja el amor de un pueblo a sus raíces. Ahí están las huellas de los sacrificios de grandes personajes que ennoblecieron su historia. Ahí están las plazas como lugares de encuentro y convivencia, y las catedrales y las iglesias que indican el destino final y trascendente del pueblo. Quienes amamos a Ciudad Juárez por lo mucho que nos ha dado, hemos de pedir insistentemente a los gobiernos el rescate del centro histórico, porque sólo alimentándonos de nuestras raíces, podremos construir el futuro.

Niños y el lado oscuro de internet
Cuando éramos jóvenes, nunca imaginamos que existiría el mundo digital. En pocos años internet ha transformado nuestro ambiente, la forma en que nos comunicamos y vivimos. El mundo digital fascina y maravilla a todos, pero también provoca temor y miedo por los problemas que plantea. Son 800 millones de menores los que hoy navegan en la red. Ellos tienen acceso a imágenes pornográficas cada vez más extremas. Ha crecido el fenómeno del intercambio de fotografías de desnudos que ellos mismos se toman. Y hay también personas que se comunican con menores con fines sexuales. En el mundo digital existen redes de prostitución, de tráfico de personas, escenas en vivo de violaciones y violencia contra menores. Este es el lado oscuro de internet, donde el mal actúa y se expande con eficacia.

Ante todo ello, estamos llamados a movilizarnos juntos. No subestimemos el daño que el lado oscuro de internet puede hacer a los niños. Tampoco es suficiente poner filtros para bloquear imágenes en las pantallas. Los delitos en la red deben ser combatidos por la policía y todos debemos cooperar con ello. Pero los retos más grandes son para los padres, maestros y líderes espirituales de los niños. Solamente si los educan en el uso correcto de su libertad, en la formación de la conciencia moral, en el fortalecimiento del carácter y el autodominio, internet será un instrumento para el desarrollo de su personalidad y no una herramienta que perjudique gravemente sus vidas.