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jueves, 26 de abril de 2018

En México a los padres les roban la Patria potestad

Mientras todos hablan del debate presidencial del domingo pasado y discuten temas como la inseguridad o la corrupción, muy pocos mexicanos se dan cuenta de que están sucediendo cosas gravísimas en el país, y que son una amenaza más grande para el futuro de México. Desde hace décadas está ocurriendo una revolución silenciosa, a tal grado de que el Estado mexicano, a los padres de familia, les está quitando, poco a poco, la Patria potestad sobre sus hijos.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos para Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en México, es un arma letal de nuestro gobierno para comprometer el futuro de los niños y los jóvenes y, por tanto, la vida de las futuras familias del país. El documento al que ya tienen acceso los menores, no es más que una motivación hacia ellos para que practiquen libremente la fornicación, la masturbación, cualquier depravación y el aborto. En nombre de los jóvenes dice: "Tenemos derecho a ejercer y disfrutar plenamente nuestra sexualidad y vivir cualquier experiencia, expresión sexual, erótica o de género que elijamos”.

No sólo eso. La cartilla roba a los padres el derecho que tienen para formar a sus hijos en algo tan delicado como su sexualidad cuando dice: "El Estado debe garantizar que el ejercicio de este derecho sea libre de presiones, discriminación, inducción al remordimiento o castigo por ejercer o no actividades relacionadas con el conocimiento, exploración y disfrute de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad”. En otras palabras, si papá o mamá tratan de orientar al hijo en las cuestiones de su sexualidad, o si le dicen que alguna práctica no es moralmente correcta, podrían inducir al hijo al remordimiento, lo que el Estado no debe permitir.

La cartilla no sólo habla sobre la vida sexual de los adolescentes, sino que también les insiste en que tienen derecho a decidir si quieren tener hijos o no, cuántos, cuándo con quién, sin que la identidad de género sea un impedimento para ello. Es absurdo. Si un adolescente quiere tener un hijo, ¿los padres no pueden opinar, aunque vivan en el mismo techo y sin importar que al chamaco lo mantengan sus papás? El Estado podría sancionar a los progenitores, pues afirma la cartilla: “Ninguna persona o autoridad, en el ámbito familiar, laboral, escolar y de salud, comunitario o institucional, puede ejercer ninguna acción que tenga como fin lesionar nuestra libertad”.

También habla del aborto diciendo que el Estado "debe garantizar y promover el acceso a la información y a los servicios de salud con pertinencia cultural, garantizando nuestro derecho a la confidencialidad, incluyendo el acceso a todos los métodos anticonceptivos, la atención de un embarazo saludable y los servicios de aborto legal y seguro”. Además propone "el derecho de los adolescentes a la confidencialidad en todos estos asuntos, así como a recibir atención y a que no se les niegue el acceso a los servicios -aborto incluido- por ausencia de padre, madre o tutor legal”. Una niña de 12 años puede así practicarse un aborto sin que sus padres se enteren.

Como vemos, la patria potestad está desapareciendo rápidamente en México. Estamos ante una revolución silenciosa que dejará miles de víctimas y familias destruidas. Vamos por la misma pendiente que en otros países. Ahí donde la ideología de género se ha implementado, los padres han perdido toda autoridad sobre sus hijos. En California, por ejemplo, en las clases de educación sexual se enseña a los niños de nueve años a la práctica de relaciones anales, y a los padres se les niega el derecho de retirar a sus hijos de esas enseñanzas de educación sexual escolar.

Inglaterra es un país donde las políticas de género se han implementado con mucha amplitud y agresividad, lo que ha llevado no sólo a hacer completamente a un lado a los padres de familia en cuestiones de educación afectiva y sexual a sus hijos, sino a despojarles de su derecho sobre procurar la salud de sus pequeños. Una cosa lleva a la otra. El caso del niño Alfie Evans en Liverpool es elocuente. Alfie es un niño de casi dos años que tiene una extraña enfermedad y que tuvo que ser ayudado a respirar con un aparato especial dentro del hospital. Como los médicos determinaron que el niño debía ser desconectado del respirador y dejarle morir, los padres de Alfie se opusieron a esta decisión y quisieron llevarlo a Italia para tratar de salvarle la vida con otro tratamiento. Sin embargo, siguiendo las recomendaciones del personal sanitario, la Corte británica tomó la decisión de matar al niño. Los derechos de los padres para salvar la vida de su hijo han sido pisoteados. Al momento de escribir este artículo, Alfie seguía vivo, respirando sin el respirador que ya le retiraron por orden de un juez. Implementar la ideología de género, inevitablemente trae como consecuencia la pérdida del derecho natural.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos de los Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en nuestro sistema escolar, y que ya traen los jóvenes en su bolsillo, es una de las evidencias más tristes de que el Estado Mexicano quiere convertirse en un despiadado dictador que desbarata la vida familiar al decidir, no solamente cómo los mexicanos deben comportarse en la cama, sino quién debe nacer y quién debe morir. Estos son los temas que deben estar en los debates de los presidenciables. 

miércoles, 25 de abril de 2018

Trigo y Cizaña

El próximo presidente
México, más que un emperador totonaca vitoreado con copal, necesita un presidente o presidenta con auténtico espíritu democrático; una persona que atraiga inversión y genere trabajo; que proponga mecanismos realistas y no utopías para disminuir la corrupción; un presidente que tenga una moderna visión de la educación que necesita el país para ser competitivo; alguien que tenga la capacidad de sentarse a negociar con los líderes mundiales; un hombre o una mujer con amplia cultura para desenvolverse con soltura en foros internacionales; una presidente enemigo del populismo que sólo da al pueblo atole con el dedo pero que no lo estimula a crecer; México necesita un presidente que no traicione los valores espirituales de la nación entregando al pueblo a la nueva colonización cultural de intereses extranjeros; un presidente que fortalezca a las familias mexicanas tanto en salarios como en valores; un presidente que ame, respete y defienda la vida de cada mexicano librándola de la violencia del aborto así como de la violencia del crimen organizado; un presidente que respete a los homosexuales pero sin equiparar esas uniones con la institución del matrimonio; un presidente que promueva la dignidad de la mujer y que cree las condiciones para que su gente deje de emigrar. Espero que para los próximos debates de Tijuana y Mérida se afiance mi voto con quien más transparente este perfil. A casa vieja, puertas nuevas.

El puntero
No se trata de ninguno de los candidatos a la presidencia, sino de todo México. Somos el país puntero en asesinatos de sacerdotes. Ya son 23 en lo que va del sexenio. El último fue el del padre Juan Miguel Contreras García de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien apenas tenía dos años de haber recibido las órdenes sagradas. El año 2018 ha sido considerado por el Centro Católico Multimedial como “un año sin fin contra el sacerdocio mexicano”. La escalada de violencia contra los líderes espirituales del país es un síntoma muy grave de lo que aquí está sucediendo. Matar a los que por su vocación comunican la vida divina debe horrorizarnos, tanto como nos han aterrado tantas historias de muertes y asesinatos perpetrados con crueldad inaudita, como fue el de los tres jóvenes estudiantes de cine cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido, en Jalisco la semana pasada. La cultura de la muerte nos está matando. El próximo presidente de México tendrá el enorme desafío de combatir la violencia que tanta angustia ha traído al pueblo, atacándola por todos los frentes. A lo más oscuro amanece Dios.

Obispos: ¡aguzados!
A los obispos reunidos en sus asambleas semestrales a veces se les aparecen ciertos políticos que les halagan por el invaluable trabajo de la Iglesia en México, discursos que mucho adulan y poco aprovechan para el fortalecimiento del catolicismo mexicano. En cambio hay mensajes que son punzocortantes y que no caen tan bien, pero que son los que necesitan escuchar los prelados para fortalecer a la Iglesia. Esa clase de comunicados son los del nuncio Franco Coppola, quien está muy consciente del deterioro social del país y sabe de la clase de líderes espirituales que necesita la gente. A juicio del padre Armando González Escoto "el problema de fondo radica en la condición actual de los seminarios, mismos que requieren de formadores de muy alto nivel. Formadores para la creatividad y la autenticidad, que logren dar respuestas rápidas a las preguntas del hombre actual, capaces de construir nuevas formas de vivir la fe en un mundo que la ha perdido; más que celebradores de impecables ritos, comunicadores de vida, de entusiasmo, de empeño en la transformación integral de una realidad cada vez más deteriorada”. 

miércoles, 18 de abril de 2018

Gaudete et exsultate, la estimulante e incómoda exhortación del papa

Se ha publicado la exhortación del papa Francisco, “Gaudete et exsultate”, Alégrense y regocíjense. Con este documento el Santo Padre llama a la Iglesia a buscar la santidad y purificarse de esa enfermedad que él llama mundanidad espiritual, que había denunciado en Evangelii Gaudium. Sin pretender hacer un tratado de teología espiritual, Francisco nos anima a no perder la meta de la santidad a la que todo cristiano debe llegar. Ya el Concilio Vaticano II había hecho este llamado universal que ahora el papa explica en detalle.

En un lenguaje claro y directo, Francisco nos habla en segunda persona: la santidad también es para ti. “Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad” (n. 15). Nos lo dice porque son los santos quienes hacen creíble y bello el rostro de la Iglesia en el mundo; pero no sólo los santos que forman parte del calendario litúrgico, sino “los de la puerta de al lado”: la madre, la abuela, el vecino o el amigo que nos edifica con su testimonio de vida cristiana y que, aunque falla y tiene sus caídas, se vuelve a levantar para retomar el camino.

Este papa es un reformador. Sabe que las reformas de la Iglesia no se hacen desde grupos cerrados ni de las élites intelectuales; ello lleva solamente a la contaminación ideológica, a la desunión y a la pérdida de la identidad católica. La reforma que Francisco impulsa es desde las periferias, desde los cristianos de a pie. Son los católicos ordinarios los que mantienen la identidad del Pueblo de Dios adorando la Eucaristía, formándose en la catequesis, los que acuden al confesionario, participan en diversas devociones, hacen obras de caridad y rezan. La reforma de la Iglesia se hace impulsando la santidad en el Pueblo como fin último de la fe católica.

Francisco es un papa incómodo. Su incomodidad es saludable porque sabe poner sal en las heridas de la Iglesia para curarlas. Nos ha advertido de las desviaciones del camino de santidad por dos atajos peligrosos y sin salida. El primero es la senda del gnosticismo. Esto es la adoración del conocimiento teológico, bíblico o litúrgico que puede hacernos creer que por ello estamos salvados o que somos superiores a los demás. Sin menospreciar la necesidad de una educación católica en la doctrina, el papa advierte que lo esencial es dejarnos conducir por el Espíritu Santo para encontrar a Dios en Cristo, en la Iglesia, en la carne del hermano necesitado.

La otra ruta peligrosa -advierte- es el del pelagianismo. Como aquel monje del siglo IV llamado Pelagio, que terminó por considerar innecesaria la gracia divina y puso su confianza en las propias fuerzas para llegar a la salvación, también nosotros podemos cometer la misma equivocación. Al vivir obsesionados con los mandamientos, en la ostentación de una liturgia impecable, vanagloriándonos por el prestigio o el triunfalismo de la Iglesia, en la conquista de obras las sociales como si la Iglesia fuera una ONG carente de piedad y oración... estaríamos dando signos de que algunas sombras de pelagianismo se han introducido en nuestra vida espiritual, más confiada en las propias fuerzas y menos apoyada en la misericordia. El papa nos invita a todos a examinar la propia conciencia para reconocer si vamos siguiendo estas vías con olor a soberbia.

La parte central de la Exhortación son las ocho bienaventuranzas del Sermón del Monte, por las que Jesús nos explicó, con simplicidad, cuál debe ser el estilo de vida del cristiano. El discípulo del Señor debe llevar una vida austera con la pobreza de espíritu. Pero también debe cuidar el corazón de lo que ensucia el amor; debe ser un sembrador de paz y de amistad social y debe vivir en una permanente actitud de misericordia. Esta debe ser la gran regla del comportamiento del bautizado. Hay que estar atentos para que las ideologías no nos atrapen, dice el papa, porque hay cristianos que viven su cristianismo llenos de obras sociales pero carentes de oración, gracia y sacramentos; así como también hay católicos muy críticos al compromiso social de los demás, tachándolos incluso de comunistas. El signo de la santidad no son los éxtasis místicos sino vivir en Dios en amor hacia los últimos, que pueden ser los inmigrantes así como los no nacidos.

Francisco no se detiene a explicar los medios tradicionales para crecer en santidad que aconseja la Iglesia, como la recepción de los sacramentos, la escucha de la Palabra o la dirección espiritual. Más bien explica cuáles son las características indispensables para entender el estilo de vida de la santidad: aguantar con paciencia y mansedumbre, la alegría y el sentido del humor, la audacia y el fervor, aprender a santificarnos en comunidad y vivir en constante oración.

En su parte final, el Santo Padre hace alarde de sus buenas dotes de jesuita exhortándonos a practicar el discernimiento espiritual. En una época de tanta distracción que se manifiesta en viajes, tiempo libre y obsesión por la tecnología, el cristiano necesita crear espacios de silencio para escuchar la voz de Dios. Advierte que la vida cristiana es un combate, no sólo contra la propia carne ni contra el espíritu mundano, sino contra el demonio. En una época en que muchos no creen en su existencia ni en su actuación, Francisco nos advierte que el diablo no es un símbolo del mal, sino un ser personal que actúa en el mundo de los hombres para apartarlos del camino de santidad.

‘Gaudete et exsultate’ ofrece a los sacerdotes abundantes puntos de meditación para su vida personal y para sus homilías. Los mensajes desde el púlpito serán, prácticamente, el único vehículo por el que la voz del papa llegará a los fieles. Sin embargo es un documento que merece ser leído, meditado y compartido en todos los grupos parroquiales. Será un fuerte estímulo para vivir sin acomodarnos en una vida tibia o licuada, para ser testigos del Redentor, sal y luz en el mundo.

miércoles, 11 de abril de 2018

Urbano Zea, requiescat in pace

En Ciudad Juárez hay conmoción. Urbano Zea, el atleta, el nadador en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, que ocupa un lugar en el Salón de la Fama deportiva juarense, el buen amigo, esposo y padre de cinco hijos murió de manera repentina. Un infarto hizo que su corazón dejara de latir y con ello muchas personas de esta ciudad quedaron en absoluto desconcierto.

Uno de los grandes misterios que tiene la existencia es que a muchos se les pide suspender la redacción de su vida sin que tengan oportunidad de terminar el párrafo. A media frase deben cortar su inspiración. Quedan así tantas cosas por escribir, asuntos que arreglar, gente para despedir, círculos qué cerrar, una última plegaria para musitar, una esposa y unos hijos para besar. Cayó el telón imprevistamente y no hubo tiempo. Jesús advertía sobre el carácter dramático y fulminante de la muerte cuando dijo: “Estén prevenidos, porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre” (Lc 12,40).

En estos días he encontrado a algunos amigos de Urbano. Están francamente impactados. Algunos han empezado a visitar al cardiólogo; otros están haciendo programas de ejercicio físico y otros más están ingiriendo jugo verde por las mañanas. Hay, en el fondo, un miedo a morir súbitamente. Todos sabemos que algún día moriremos, pero el problema es que imaginamos que ese día está lejano todavía. El joven de 18 años piensa que le faltan 80 por vivir; yo, a mis 54 años pienso que, al menos, me quedan otros 30. Mi abuela, que murió a los cien, alguna vez dijo que creía que llegaría hasta los 105. Incluso quien está grave en el hospital no cree que ese día se morirá. Se nos olvida que "boda y mortaja del cielo baja".

Ante la muerte de un amigo relativamente joven pensamos en cambiar nuestras dietas y comprarnos una máquina de ejercicios cardiovasculares. Recuerdo la muerte sorprendente del padre Carlos Márquez, hace unos años, hizo que muchos sacerdotes hiciéramos fila para entrar a consultar al cardiólogo. Eso de darle un mejor cuidado al cuerpo no está mal, ciertamente. Sin embargo poco hacemos por mejorar el alma y tenerla preparada por si Dios nos arrebata la vida en el momento menos esperado.

Damocles, ese cortesano que solía adular de manera exagerada al rey Dionisio de Siracusa en el siglo IV a. C., fue escarmentado cuando el rey le ofreció intercambiar los papeles durante un día. Sentó a Damocles en el trono real y ofreció un espléndido banquete para que gozara como si fuera el monarca. Damocles disfrutó de todos los manjares y de las hermosas mujeres que había pedido. Al final de la bacanal miró hacia arriba y descubrió, que pendía sobre su cabeza, una filosa espada afilada atada por un solo pelo de crin de caballo. A Damocles se le quitó el hambre y pidió al rey abandonar su puesto.

Además de ser como Damocles, conscientes de que hoy puede ser el último día de nuestra vida, los cristianos hemos de vivir con un solo deseo: ser santos. Dice el papa Francisco en su último documento ‘Gaudete et exsultate’: "Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1)”.

Agradezcamos a Dios por la vida Urbano Zea, por los signos de bondad que manifestó en su vida como esposo, amigo, deportista y padre de familia. El papa Bergoglio reconoce que le gusta ver la santidad del pueblo de Dios: "padres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo... Esa es muchas veces la santidad 'de la puerta de al lado', de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, ‘la clase media de la santidad’”. (GE, 7)

Tengamos los ojos abiertos para ver esos signos del amor divino en nuestros familiares y amigos difuntos. Pero sobre todo que no nos llegue el sueño de la muerte con el corazón frío, sin obras de amor a Dios y a los hombres. Entonces sí podríamos ser como los peces en el anzuelo atrapados en el tiempo malo, como los pájaros aprisionados por el lazo (Qo 9,12).

El Señor, en su misericordia infinita, conceda a Urbano Zea el perdón de sus faltas para llegar al lugar de la paz perpetua, a los Campos Elíseos de la eternidad, donde sólo descansan los atletas espirituales, los que supieron dar en su vida la buena pelea del amor.

miércoles, 4 de abril de 2018

El documento más polémico de la historia

Este 2018 se cumplen 50 años de la publicación de la encíclica “Humanae vitae”, probablemente el documento papal más controvertido en la historia de la Iglesia. El mundo en 1968 estaba emocionado con la invención de la píldora anticonceptiva. Los matrimonios brincaban de contento: por fin podrían tener relaciones sexuales libres de embarazos no deseados. Se creía que la sobrepoblación del mundo era el peor de los males de la humanidad. Los anglicanos en 1930 ya habían establecido que la anticoncepción podría ser una opción moralmente buena. ¿Qué diría la Iglesia Católica ahora que la ciencia hacía posible que las mujeres dejaran de ovular ingiriendo la pastilla?

Aunque la comisión de obispos y teólogos que asesoraba al papa se inclinaba a favor de la aprobación moral de la anticoncepción, Pablo VI no podía dejar de ser fiel a la enseñanza perenne de la Iglesia. Sabía que la publicación de la encíclica lo enviaría a vivir un verdadero martirio. En efecto, la enseñanza del papa fue duramente rechazada en muchos ambientes católicos por oponerse a los métodos anticonceptivos y por enseñar que el acto conyugal es verdadero y auténtico cuando los esposos cristianos lo realizan con el amor de esposos y con la apertura a la vida.

Los papas posteriores a Pablo VI, hasta el papa Francisco, siguen enseñando que la anticoncepción es inmoral, primero porque rompe deliberadamente los aspectos del amor unitivo y de la transmisión de la vida que se dan a través del acto conyugal. En segundo lugar porque, de esa manera, los esposos se ponen en lugar de Dios para decidir cuándo comienza la vida. Y por último porque la anticoncepción frustra la donación que los esposos hacen de sí mismos cuando hacen el amor; es decir, en un acto conyugal contraceptivo deja de estar implicada la totalidad de la persona.

La rebelión de muchos a las enseñanzas del Magisterio sigue abierta en cuestiones de moral matrimonial. No son pocos los sacerdotes, laicos y hasta obispos que dejan este asunto a la conciencia personal de cada pareja y que consideran arbitraria la doctrina perenne de la Iglesia. Sin embargo cuando los sacerdotes vivimos opuestos al Magisterio en estos temas, les estamos enseñando entonces a los laicos que todo en la Iglesia es cuestionable y que no hay enseñanza sólida. Así, se vuelve opcional creer que María fue virgen o no lo fue; que en la Eucaristía está la presencia real del Señor o que se trata sólo de un símbolo; que las obras de caridad y de justicia son opcionales y no necesarias en la vida cristiana. Disentir de la verdad en cualquier punto de doctrina abre la puerta a la confusión del relativismo.

Después de casi seis décadas de la invención y comercialización de la píldora anticonceptiva los resultados han sido catastróficos para el matrimonio, la familia y la sociedad. Además de las oleadas de adulterios, divorcios e hijos nacidos fuera del matrimonio, los gobiernos han tomado el papel de Dios al controlar las fuentes de la vida humana. Mediante la contracepción y la promoción del aborto legal es el ser humano el que toma la decisión sobre quién debe nacer y quién no. De la misma manera el hombre se adjudica el derecho de decidir cuándo se debe morir, a través de la legalización de la eutanasia.

Pablo VI no visualizó todas las consecuencias de separar las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal. El papa profetizó la pérdida de respeto del hombre hacia la mujer, la cosificación de ésta al ser tratada como objeto sexual, y la manipulación de los gobiernos a las parejas en su vida sexual para controlar los nacimientos. Pero las consecuencias han llegado hoy hasta la locura con la pérdida de la identidad sexual del ser humano. Lo que comenzó con la separación del amor y la vida en el acto conyugal, ha llevado al hombre a pretender asignar a sí mismo cualquier género distinto al de su propia naturaleza.

El mundo presiona fuertemente para que la Iglesia cambie su moral del matrimonio. Al no poder lograrlo quiere entonces avergonzar a los obispos y sacerdotes para que callen y dejen de predicar la castidad, el aborto como asesinato y la inmoralidad de la contracepción o de los actos homosexuales. Con los escándalos de abusos de ciertos clérigos se pretende que la Iglesia sea más tímida para hablar sobre estos temas. Sin embargo creo que los escándalos sexuales son una de las pruebas más evidentes de que muchos pastores nos hemos alejado de la verdad enseñada por el Magisterio. Por ello es más urgente que nunca redescubrir la belleza de la moral sexual y de la vida, y fomentar una educación en ella, para nosotros mismos, en los Seminarios y para los feligreses. Callar u orientar con nuestras propias opiniones es echar tinieblas sobre el rebaño del Señor.

En estos tiempos que vive el mundo, cada vez más confusos para los católicos, hemos de reconocer que nuestra catequesis sobre estos temas, aún para los matrimonios, ha sido un fracaso o, al menos, insuficiente. Los jóvenes y los matrimonios jóvenes, sobre todo, están hambrientos de que se les diga la verdad y se les eduque en ella. Por eso “Humanae vitae” seguirá siendo un documento como un poderoso faro de luz en la noche de la historia.

sábado, 31 de marzo de 2018

Diócesis con olor a Pascua

Hicimos hace unos días en Catedral la ceremonia de los ritos de recepción en la Iglesia a los catecúmenos. Siete candidatos venidos del paganismo -entre ellos un ex mormón- tocaron a nuestras puertas pidiendo ser admitidos para formar parte de la comunidad católica. En diversas parroquias de la diócesis sucedió lo mismo: personas que naufragaban en las aguas de la muerte se bautizaron en la noche de la Pascua para subir a la barca de la Iglesia y navegar hacia la salvación traída por Jesucristo.

Los que tenemos el privilegio de haber sido bautizados jamás nos cansemos de dar gracias a Dios por pertenecer a esta Iglesia que Jesús compró a precio de su sangre. Jesús ha resucitado y ha abierto las puertas del cielo para aquellos que lo seguimos. En nuestro camino hacia la Pascua eterna del Cielo nos llena la esperanza de ser recibidos por los santos. ¿Y quiénes nos recibirán en la gloria? En primer lugar saldrán a nuestro encuentro aquellos que crucificaron a Jesús en el Calvario; nos dará la bienvenida el ladrón arrepentido y el centurión romano. Ellos, quienes crucificaron a Jesús, fueron los primeros en ser salvados, para que así permaneciera, por los siglos infinitos, el testimonio de la grandeza de la misericordia y la bondad del Señor.

En los días previos a la Pascua, en un conmovedor espectáculo de fe y conversión, miles de católicos de Ciudad Juárez acudieron a los confesionarios. El martes pasado los sacerdotes también tuvimos nuestra jornada penitencial donde nos escuchamos unos a otros para ser absueltos de nuestros pecados. “¿Acaso seré yo, maestro?” Ninguno de nosotros quiere ser un judas en la Iglesia.

¿Nos hemos puesto a pensar que todos los bautizados, especialmente quienes vivimos de la fe, somos el premio que el Padre Celestial otorgó a su Hijo Jesucristo como fruto de su Pasión y Muerte? Ni más ni menos dice Dios por boca de Isaías: “Le daré como premio una multitud... por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores” (Is 53,12). Somos nosotros, los hijos de Dios dispersos, que Dios Padre entrega a su Hijo como fruto precioso de la Pascua.

A partir de hoy, día de la Resurrección del Señor, más niños de Ciudad Juárez serán llevados a los bautisterios de las parroquias para ser bautizados; miles de niños en la diócesis recibirán a Jesús en la Eucaristía por primera vez. El obispo Guadalupe Torres confirmará a cientos de jóvenes y otras cientos de parejas contraerán matrimonio en el Señor. En Catedral este lunes de la octava pascual celebraremos el sacramento del Matrimonio para 33 parejas que decidieron dejar el pecado y vivir más cristianamente. Todos estos sacramentos tienen su origen en el costado abierto del Redentor, en la carne sagrada traspasada, de donde brotó sangre y agua. La diócesis aspira el perfume de la Pascua.

Movimientos diocesanos, iniciativas pastorales, fervor de las religiosas, grupos parroquiales, sacerdotes celosos por Dios, devoción en las familias, pequeñas comunidades cristianas... todo habla de aquel misterioso fuego que Jesús vino a traer sobre la tierra, de aquel bautismo que angustiaba al Redentor mientras no se cumplía (Lc 12,49-50); fuego del Espíritu que sigue sumergiendo en el amor divino a quienes se acercan a beber de las fuentes de la salvación.

Solamente quien tiene ojos mezquinos se repliega en su amargura, como Judas Iscariote, que al ver a María de Betania derramar el perfume de nardo sobre la cabeza y los pies de Jesús, criticó la aparente inutilidad del gesto. Abramos bien los ojos para captar cuánta gracia Dios derrama a nuestro alrededor, aquí en nuestra Diócesis de Ciudad Juárez, en tantas parroquias, familias y comunidades religiosas. “Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra” (Sal 2, 8). Gocémonos en la alegría de ser el premio del Padre a su Hijo, el fruto más precioso de la Pascua del Señor. ¡Felices fiestas de Resurrección!

martes, 27 de marzo de 2018

Confesionario sin absolución: una pareja gay quiere bautizar a un niño

La pregunta: padre, sabe que una amiga me platicó ayer que conoce a una pareja gay que son esposos (pues para mi sorpresa tienen un hijo en adopción; yo no sabía que ya podían adoptar, la adopción la hicieron en la ciudad de Torreón). El punto es que ellos quieren bautizar al niño y llevarlo a Misa, inculcarle la religión católica, pero ellos temen ser rechazados en la Iglesia o por un sacerdote y que no sea aceptado el niño; creo que tiene seis años, pero lógicamente no está bautizado. ¿Qué se podría hacer?

Padre Hayen: en primer lugar no existe en la Iglesia un consenso sobre la admisión de los niños al bautismo por parte de parejas homosexuales. No hay normas escritas sobre el asunto, y la admisión del niño depende del juicio de cada párroco, quien es el responsable de administrar los sacramentos en su parroquia.

El derecho canónico señala que para poder bautizar a un niño es necesario tener el consentimiento de los padres, o al menos de uno de los dos. También dice que debe haber esperanza fundada de que el niño será educado en la fe católica. Si falta esta esperanza, el bautismo debe diferirse, haciéndolo saber a sus padres.

Si te fijas bien, el Código de Derecho Canónico no pone ningún requisito que se refiera a la calidad moral de los padres. Si los padres viven en una relación contraria a las enseñanzas de la Iglesia, el Derecho Canónico no prohíbe solicitar el bautizo del hijo. Hay muchos padres que viven en unión libre y muchos otros que sólo tienen el matrimonio civil. Otros más son divorciados vueltos a casar que quieren bautizar a sus pequeños. Hay madres solas que piden el bautismo de sus hijos. En ninguna de estas situaciones se puede negar el bautismo, con tal de que esté garantizada la educación cristiana del hijo. Una pareja de homosexuales con hijos adoptados evidentemente vive también en contradicción con las enseñanzas de la Iglesia. ¿Se les podrá negar a ellas el bautismo de un niño?

El criterio de la Iglesia es no castigar al hijo por la conducta de los padres. El hecho de que los padres vivan en unión ilegítima no debe impedir que los hijos tengan acceso a las fuentes de la salvación. Es más, la Iglesia ni siquiera exige, para bautizar a un niño, que los padres estén bautizados. Así que por abrir las puertas de la salvación, la Iglesia no puede negar el bautismo a quienes soliciten este sacramento para sus hijos.

Ahora bien, el segundo requisito es que debe haber cierta garantía de que el niño será educado cristianamente. Es claro que quienes viven en situaciones irregulares, como los divorciados, los que viven en unión libre o las madres solas, no están dando un buen ejemplo a sus hijos. Con mucha más razón dos hombres o dos mujeres que son pareja, pues viven en una relación contraria al plan de Dios. Sin embargo en todos estos casos es posible una educación cristiana.

El párroco debe hablar con los padres, o con la pareja del mismo sexo, y debe animarlos a vivir una vida cristiana según el Evangelio. Con toda caridad y comprensión, buscando ayudar a esas parejas, hay que exponerles que su estilo de vida es contrario a las enseñanzas de la Biblia y de la Iglesia, y que el niño quedará confundido cuando reciba su catequesis sobre el sacramento del matrimonio, el cual es exclusivo entre un hombre y una mujer. Es una oportunidad también para que el sacerdote intente acercar a esas personas a Dios. Si el párroco no tiene esperanzas fundadas o garantías de la educación cristiana del niño, el bautismo puede ser diferido legítimamente.

Si no es a través de los papás, ¿cómo puede un párroco tener garantías de la educación cristiana del niño? Es aquí donde tienen los padrinos un rol importante. Ellos son los garantes de la educación cristiana del infante. La función de los padrinos es presentar al niño que recibirá el bautismo y procurar que después éste lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones que conlleva este sacramento. Los padrinos hacen las veces de padre y de madre, por lo que debe haber un solo padrino y una sola madrina. Los padrinos deben de ser católicos, estar confirmados y deben haber hecho la primera Comunión. Pero también se les pide que lleven una vida cristiana congruente con la misión que van a asumir.

Las situaciones en que viven las personas que quieren bautizar a sus hijos pueden ser muchísimas y ello hace que estas normas del Derecho Canónico sean difíciles de aplicar. Mientras que no existan disposiciones de derecho particular para admitir al bautismo a niños llevados por parejas de homosexuales, es decir, mientras que no haya normas de las conferencias episcopales o de las diócesis particulares al respecto, será el criterio del párroco el que prevalezca para proceder al bautismo o diferirlo.

Recordemos siempre que la Iglesia no es un museo de santos, o de gente impecable, sino que es un camino para que los pecadores y tantas personas heridas se vayan curando, y poco a poco se conviertan, con la gracia de Dios, en santos. Llevándolos a todos a Jesucristo y ayudándoles a vivir en sus leyes divinas y en sus enseñanzas inmutables, la Iglesia muestra su maternidad para todos.

Espero haber sido suficientemente claro. Gracias por tu pregunta y que Dios te bendiga.

jueves, 22 de marzo de 2018

Diáconos y sacerdote a imagen de san José

De izq. a der. Gustavo, J. Figueroa, J. Martínez, Felipe y Ricardo
El lunes 19 de marzo recibieron las órdenes sagradas del diaconado Felipe Ramos, Gustavo Balderas, Jesús Figueroa y Jesús Martínez. Además Ricardo González fue elevado al orden de los presbíteros. Un alfiler ya no cabía en la Catedral. En una bella y emotiva ceremonia de dos horas veinte minutos,  en la que asistió la mayor parte del presbiterio y donde el coro del padre Héctor Aguilar lució las mejores galas del repertorio de David Moreno, los nuevos ministros se vieron alegres y emocionados. Tan viva fue la sensibilidad del nuevo padre Ricardo, que se le vio derramar copiosas lágrimas mientras el colegio de los presbíteros desfilaba ante él para el besamanos.

Durante la misa de ordenación estaba discreta, junto al ambón y al lado de la imagen de la Virgen de Guadalupe, una bella y tierna imagen de san José, a quien abrazaba su niño Jesús. Quienes se van integrando al clero diocesano, y quienes ya somos parte de él, hemos de contemplar con frecuencia al patriarca de la Iglesia para imitar sus virtudes, pues Jesús lo tuvo como modelo de padre, y de él aprendió a ser verdadero hombre. Imitándolo haremos nuestra vida sacerdotal más humana y más de Dios.

Entre las devociones a san José, están los siete domingos previos a la fiesta, en la que la Iglesia medita sus dolores y gozos. La vida de san José enseña a los sacerdotes que el ministerio está entretejido de alegrías y penas, y que la vida sacerdotal no es miel sobre hojuelas. Encontramos muchos momentos de luz, sobre todo cuando celebramos los sacramentos y en el contacto con la Palabra de Dios; pero también hallamos el sufrimiento todos los días tocando las heridas del pueblo cristiano y en la constatación de nuestras propias miserias, contra las que hemos de combatir. El padre adoptivo de Jesús nos enseña a mantener el equilibrio y la serenidad espiritual, fuera de la exaltación descontrolada y de las tristezas depresivas.

La mirada de san José hacia la Virgen María fue de profundo amor y delicadeza. El santo enseñó a Jesús a relacionarse con todos, hombres y mujeres, en el respeto absoluto a la dignidad de cada persona, y a querer a todos con un amor limpio. Cuando José pasó por la crisis de saber que su esposa estaba encinta, pensó repudiarla en secreto, en un respeto delicado hacia ella. San José nos enseña a dominar la ira y la lujuria como dos pasiones que pueden empañar la vida sacerdotal y que impiden que los demás puedan ver en nosotros la presencia de Dios.

A los sacerdotes nos cuesta, a veces, escrutar y obedecer a la voluntad de Dios que se manifiesta a través del cumplimiento de los deberes propios de nuestro ministerio y de la autoridad del obispo. José fue un hombre justo en sus relaciones con Dios, hombre de oración que recibió la misión de custodiar a su familia. Poco a poco comprendió que su esposa y su hijo debían de sufrir mucho, dentro de un misterioso plan divino. Sin embargo supo que en todo Dios actúa y él debía descubrir la voluntad del Señor en su vida. José era piadoso israelita que cuidaba su relación con Dios. No podemos los sacerdotes dejar de orar con la Liturgia de las Horas y de gastar tiempo en oración personal delante de Dios; de lo contrario cuando lleguen momentos de tentación o de crisis, los cambios parroquiales y las nuevas encomiendas, no podremos superar los nuevos desafíos.

Custodiar a la familia de Dios, a la comunidad parroquial, defendiéndola de todos los peligros. ¡Qué grande es la misión del sacerdote! Mirar a san José que prudentemente toma al niño y lo lleva a Egipto para protegerlo de Herodes, es lo que debe hacer todo esposo y padre, ante las amenazas de los poderes herodianos y de las ideologías del mundo. La formación, la catequesis, la denuncia del pecado y la promoción de las virtudes es lo que el sacerdote debe fomentar en su comunidad para evitar que los fieles cristianos sean presa fácil de los lobos de nuestros tiempos.

De sacerdotes perezosos líbrenos Dios. San José se nos presenta como modelo de laboriosidad, de entrega apasionada en el cumplimento del deber, de hacer bien las cosas en su taller de Nazaret, de ser responsable y puntual, de entregar los trabajos bien hechos. En este esfuerzo hemos de vivir los sacerdotes, porque al cura que no tiene qué hacer, el diablo se encarga de decirle qué hacer.

Cada vez le tomo más cariño a san José. Él nos enseña a que los sacerdotes seamos verdaderos hombres, esposos y padres de nuestras comunidades. Es un gran modelo para renovar lo mejor de nuestra alegría sacerdotal, y para ayudar a recuperar la importancia que tiene nuestra paternidad espiritual en la vida social. Oremos para que Gustavo Balderas, Jesús Martínez y Jesús Figueroa, Felipe Ramos y Ricardo González, que han sido ordenados ministros sagrados de nuestra Iglesia diocesana, sean alegría para las comunidades a las que han sido asignados para servir, y brillen como sus custodios y verdaderos padres.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El padre Solalinde y "La niña bien"

Escena del video “La niña bien”. 
Hace unos días circuló de manera viral por redes sociales el video “La niña bien” en la que una chica llamada Almudena Ortiz Monasterio, danza sensualmente y canta dentro de una iglesia, invitando a votar “por ya sabes quién". El video muestra a un sacerdote (actor) y varios monaguillos que danzan con ella al ritmo de reguetón. Hay un momento en que se da la sagrada Comunión a la chica y ella la rechaza. Sin duda, el video es una blasfemia que mezcla el baile, la música y la sensualidad con lo más sagrado de la Iglesia católica, que son los sacramentos. ¿Fueron el PRI y el PAN que quisieron escandalizar a los católicos para no votar por Morena? No lo sabemos. ¿Fue Morena quien lo produjo y lo lanzó a las redes sociales para atraerse el voto de los estudiantes de clase media y alta? Tampoco lo sabremos. Quien lo haya hecho, no cabe duda, es una mente depravada que aprovecha las turbulentas aguas de la política mexicana para conseguir oscuros intereses y, al mismo tiempo, ofender a los católicos.

Lo que sí es un motivo de escándalo es que un sacerdote como el padre Alejandro Solalinde, haya publicado en su cuenta de Twitter lo siguiente: "Genial, Almudena Ortiz Monasterio, el Jesús oficial y los fariseos de hoy están escandalizados! Pero el Jesús real está muerto de risa! Y siguiendo el ritmo de jóvenes valientes y creativas como tú. Con jóvenes y mujeres como tú, si cambiamos México!” El mensaje del padre confunde a muchos católicos; es un desprecio a la piedad y los sacramentos, y una afirmación de que el verdadero cristianismo está en el activismo político y social, lejos de la hipocresía de los templos. Un ministro de culto que aplaude la blasfemia quizá necesite recuperar el sentido de lo sagrado, el respeto a los obispos y a sus hermanos sacerdotes, la devoción, la vida interior, el celo por la casa de Dios y la alegría de ser dispensador de los tesoros de la gracia divina. Oremos por él.

miércoles, 14 de marzo de 2018

El exorcismo mayor

Giotto: “Expulsión de demonios en Arezzo” (detalle) 
En días pasados el Señor me concedió estar presente en un exorcismo mayor. Fue un regalo de Dios. Dejo claro que yo no fui el sacerdote que lo realizó, ni tampoco tengo el nombramiento para hacerlo. Estuve ahí simplemente porque fui invitado a hacer oración de intercesión por la persona poseída, junto con un grupo de laicos, un exorcista que presidió el rito y otro más que fungió como su auxiliar. La experiencia fue fuerte y agotadora para todos. Dos horas y media en oración nos dejó con una buena dosis de cansancio, pero con la alegría de haber colaborado con Jesucristo en la curación de llagas muy dolorosas dentro de su Iglesia.

La diócesis en la que estuve ha logrado implementar una pastoral bastante completa de exorcismos y liberación, con exorcistas nombrados por el obispo y laicos preparados para auxiliarles. No describiré aquí lo que mis ojos vieron. ¿Para qué sirve la vana curiosidad? El que quiera saber qué sucede durante un exorcismo, puede alquilar una película sobre el tema para dar satisfacción a su deseo de sensacionalismo.

Muchas personas se preguntan por qué los espíritus malignos, o demonios, pueden llegar al grado de alterar la vida de una persona, poseyéndola. La primera respuesta es por el odio que Satanás y sus ángeles tienen a Dios. Como no pueden aniquilarlo, su odio también lo dirigen a la imagen de Dios en la tierra, que es el hombre. Por eso san Pedro advertía: "Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo firmes en la fe” (1Pe 5,8-9).

La segunda respuesta es porque el alma humana es el campo que vive en permanente disputa entre dos reinos contrarios: el reino de Jesucristo y el reino de Satanás. San Pablo en su Carta a los Efesios dice que “Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio” (Ef 6,12). Se trata de una lucha que inició apenas el hombre fue creado, ya que después de que el diablo no pudo devorar al Niño, “enfurecido contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17).

El agua y la sal bendita se emplean durante el exorcismo
La persona a la que le hicieron el exorcismo que me tocó presenciar llegó en sus cinco sentidos a la cita con el exorcista; no mostraba signos de alteración, sino que saludó a todos amablemente. Demonios la perturbaban porque ella misma lo permitió, participando en actividades esotéricas. Una vez que inició el rito perdió la conciencia y una segunda personalidad se manifestó, hablando y actuando a través de su cuerpo. Concluido el exorcismo, la persona recobró su personalidad amable y encantadora que tenía, antes de que iniciaran los conjuros. No pensemos, pues, que un poseso es una persona permanentemente perturbada. Cuando se hacen los ritos exorcísticos surge el, o los demonios, y queda oculta su auténtica personalidad.

El exorcismo mayor es un acto litúrgico de la Iglesia, acción sagrada del Cuerpo de Cristo. A diferencia de los hermanos evangélicos que carecen de sacerdotes, y que sólo utilizan la Biblia para exorcizar; o peor aún, a diferencia de tantos pseudo exorcistas que con actos esotéricos intentan expulsar al Maligno, la Iglesia Católica ha establecido un ritual de exorcismos con normas muy concretas para echar fuera a los demonios. Fue publicado por la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos en 1999.

El exorcismo es un sacramental, es decir, un signo sagrado que ha sido creado por la Iglesia para preparar a la recepción de los sacramentos. Muchos posesos son personas que, durante el tratamiento de los exorcismos, aprenden a vivir de la fe en Jesucristo, se confiesan y comulgan, oran y se alimentan de la Palabra de Dios. Si el Señor ha permitido que Satanás tenga algún influjo sobre ellos, es porque Dios sabe utilizar al Enemigo para sus divinos planes y obtiene, muchas veces en los posesos y sus familias, un crecimiento espiritual muy firme y adelantado.

Durante el exorcismo mayor pude escuchar oraciones como las letanías de los santos, salmos, súplicas a Dios y oraciones imperativas al diablo que sólo el exorcista pronunció. Es peligroso que un sacerdote no autorizado por su obispo para hacer exorcismos, y menos los laicos, den órdenes al demonio. Estas personas pueden verse luego seriamente perturbadas con influjos diabólicos como son obsesiones o depresiones severas. El gran exorcismo al que asistí se caracterizó por una gran piedad de los exorcistas y del equipo de laicos, por una gran humildad, obediencia a las normas de la Iglesia y armonía entre todos. Terminado el exorcismo, sólo vi rostros radiantes de paz y alegría.

Crece el número de personas perturbadas por la acción extraordinaria del Maligno. Es un fenómeno en muchas diócesis. Pidamos al Señor que se apiade del pueblo que sufre, nos conceda la conversión y nos libre de nuestros enemigos.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Confesionario sin absolución: los hombres que se me acercan quieren otra cosa

La pregunta: Padre, buen día. Tengo una pregunta. Hace 15 años me embaracé (sin estar casada). Entendí, desde ahí, que lo más correcto hubiera sido esperar al matrimonio para tener los hijos. Comprendí que me equivoqué. Desde entonces he tratado de hacer las cosas correctamente. He tenido varios novios, pero cuando me doy cuenta de que ellos no quieren un compromiso serio, porque no creen en el matrimonio o porque ya fueron casados por la Iglesia, entonces prefiero salir de la relación. Mi interés es hacerlo bien y llegar al matrimonio frente al altar. ¿Será que a nadie le gusta casarse, o me estoy quedando anticuada al expresar que si no hay matrimonio, no hay más?

Padre Hayen: gracias por compartir tu situación. Siento decirte que eres una víctima de la revolución sexual. Sí, te equivocaste, y te explicaré por qué. Desde hace unos 60 años comenzó esta revolución sexual, la cual es una nueva forma de concebir la sexualidad. Al aparecer la píldora anticonceptiva en el mercado, las parejas sacaron de contexto el acto sexual de su ambiente adecuado, que es el matrimonio. El sexo comenzó a verse como un acto solamente que servía para unir a las parejas, pero quitándoles la apertura a la vida. La consecuencia es que hoy el acto sexual se vuelve algo superficial, como simple forma de diversión o de hacer deporte.

Sin embargo el acto sexual tiene una dignidad altísima porque a través de él se crean nuevas personas que entran en la vida. Por ello sólo el matrimonio es el contexto adecuado para realizarlo. Por eso la Iglesia lo llama ‘acto conyugal’. Fuera del matrimonio se convierte en un juego que despersonaliza y retrasa la madurez de las personas. Desafortunadamente, por tu equivocación, nació un niño sin padre y tú te quedaste solita para sacarlo adelante. Quiérelo mucho porque ese niño es tan amado por Dios como tú y como yo. Eso sí, aprendiste la lección de manera dolorosa.

Los varios novios que has tenido y que te piden que te entregues a ellos en la cama, sin querer asumir la responsabilidad que de ello puede derivarse, son también víctimas del ambiente de sexo desenfrenado en que vivimos. Ellos quieren seguir jugando con las mujeres, sin estar dispuestos a asumir la parte de sacrificio que lleva el entregarse a una mujer y a unos hijos para toda la vida. Personas así, con esa inmadurez psicológica, no deberían de contraer matrimonio. Sólo quien está dispuesto a jugarse la vida contigo hasta que la muerte los separe, y jurándote amor frente a un altar, merece que te entregues a él en cuerpo y alma. De lo contrario, sólo estarás permitiendo que un hombre juegue contigo, te utilice por un rato, y luego te aviente lejos, probablemente con un segundo hijo en tus brazos. No mereces esto, ni tú ni tu hijo, ni un segundo hijo que pudiera venir.

¿Será que a los jóvenes no les gusta ya casarse? En efecto, a muchos les da miedo un compromiso estable y para toda la vida. Así lo está demostrando la caída de los matrimonios cristianos. De esa manera retrasan su madurez humana y cristiana, y se quedan sin conocer lo que es el amor verdadero. Sigue con tu manera de pensar, que vas por buen camino, y que pronto encuentres a alguien que te quiera, en serio. Que la Virgen te conceda sabiduría y fortaleza.

miércoles, 28 de febrero de 2018

La muerte del niño James

James Camacho, el niño perdido durante un mes, fue encontrado muerto en un campo algodonero de Riberas del Bravo. Tenía un trastorno psicológico. Su autismo no le permitía una comunicación adecuada con su entorno y el repertorio de sus actividades era muy restringido. Como todo niño autista, James tenía seguramente rutinas y conductas repetitivas; quizá le gustaba jugar haciendo torres con algunos objetos de manera obsesiva y rutinaria. No le interesaba el mundo exterior y se sentía atraído solamente hacia los pliegues de su alma.

Un mes duró su búsqueda. Desapareció el 21 de enero de 2018 y fue hallado sin vida el 20 de febrero en un campo algodonero, cerca del lugar de su extravío. Murió de frío. Su muerte ha sido dolorosa en la ciudad por las circunstancias que la rodean: la pobreza, la ruptura familiar y los descuidos. Duele especialmente el descuido de las autoridades que han permitido la desolación de Riberas del Bravo, ese páramo de la ciudad semi abandonado; un lugar carente de suficientes servicios públicos, fruto amargo de ambiciones políticas mezquinas que, sólo por expandir la ciudad sin una planeación adecuada, han sacrificado la calidad de vida de sus habitantes.

Hace muchos siglos, también se perdió un niño en Palestina. Era todo lo contrario a un autista. Tenía una profunda vida interior, pero con una enorme capacidad de querer conocerlo todo y poder comunicarse con todos. Había quedado deslumbrado con el mundo misterioso del Templo de Jerusalén, y quería explorarlo por completo. No se perdió como James que deambuló sin saber a dónde iba. Jesús de Nazaret buscaba respuestas a las preguntas que le quemaban por dentro.

Sus padres sintieron una profunda angustia cuando, después de un día de viaje de regreso a Nazaret, se reunió la caravana para descansar y Jesús no estaba. Fueron los días más angustiosos de sus vidas. Lo buscaron por todas partes durante tres días, también en los atrios del Templo, pero seguía sin aparecer. Nunca se les ocurrió buscarlo entre los doctores, y fue ahí donde lo encontraron, haciendo agudas observaciones y dando respuestas a los problemas bíblicos que se discutían.

Encontrarlo, para sus padres, fue motivo de una gran alegría. El niño les dio desconcertantes respuestas hablándoles de otro padre, su Padre celestial, quien tenía planes llenos de misterio para él. José y María, que vivían de la fe, callaron aquel día. Sabían que la vida de su hijo era un enigma y, aunque no entendían muchas cosas, decidieron volver a emprender, silenciosos, su camino de regreso a casa.

Veintiún siglos después, Jesús perdido y hallado en el Templo, ilumina nuestros extravíos y consuela a los padres que han perdido a sus hijos. Ante el caso de James, no entendemos qué fue lo que sucedió en torno a su desaparición y su muerte. Estas preguntas están en el aire y dejamos a las autoridades competentes que las resuelvan. Pero hay otras preguntas, aún más arcanas, que no todos se formulan: los interrogantes por el sentido de la vida, por lo que está detrás de la cortina de la enfermedad, por saber cuál es la misión existencial de un niño con autismo o con cualquier discapacidad, por descubrir cuál debe ser nuestro papel como sociedad ante los más vulnerables y nuestro quehacer como hijos de la Iglesia para aliviar las llagas de las personas que sufren.

La desaparición y la muerte de James Camacho ha tenido una amplia cobertura en la prensa. La preocupación que hemos sentido por él refleja el amor que en México tenemos a la vida y a los niños. Periódicos y noticieros han mostrado que la vida de un niño de siete años con autismo es de un valor incalculable y merece toda nuestra atención y cuidado. La Iglesia lo afirma: “Todo hombre puede llegar a descubrir en la ley natural inscrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium vitae, 2). Cuando se deje de hablar de los niños desaparecidos o que sufren, nuestra caridad se habrá enfriado.

La legalización del aborto es hoy una amenaza para México. Casi todos los políticos lo quieren y no podemos quedarnos callados. Así como hemos puesto atención a la desaparición y muerte de James Camacho, porque nos duele que un niño se pierda y muera de frío, también ha de dolernos que haya muchas vidas humanas que nunca vean la luz porque alguien les impide nacer. Si dejamos que las leyes abortistas se extiendan en todo el país, entonces empezaremos a ser un país encerrado en su propio egoísmo; habremos perdido el rumbo y seremos una nación que deambula por el desierto de la existencia, de noche y con frío.

jueves, 22 de febrero de 2018

Indignación

En días pasados el Instituto Chihuahuense de las Mujeres, dependencia del Gobierno de Estado, subió a su página web un video de burla a la fe católica y a los sacerdotes, a quienes acusa de no hacer nada contra el acoso sexual a las mujeres en la vida social. Luego de que comenzaron las protestas contra el instituto, dicho video fue eliminado de la página.

Indigna especialmente que una organización como es el Instituto Chihuahuense de las Mujeres, que por su naturaleza debe promover el respeto a la dignidad de la mujer, utilice estos videos para burlarse de la Iglesia y presionar a los sacerdotes a asumir su agenda ideológica, cuando la Iglesia ha sido una colaboradora primera importancia en la sociedad para el bienestar social y la promoción de la dignidad de las mujeres.

Un Estado laico es aquel que es independiente de cualquier organización y confesión religiosa, aquel que no se adhiere públicamente a ninguna religión, ni permite que las creencias religiosas influyan en la vida política. Estado laico es el que reconoce todo lo que de positivo aportan las diversas confesiones religiosas y apoya su trabajo para el bien común. Atacar la fe católica y a los sacerdotes, como lo ha hecho el Instituto Chihuahuense de las Mujeres, no sólo no contribuye a la armoniosa convivencia entre los chihuahuenses, sino que violenta los principios de la sana laicidad.

A la señora Emma Saldaña Lobera, directora del Instituto Chihuahuense de las Mujeres, la exhorto públicamente a que actúe con más sensatez y menos prejuicios contra los católicos, en vistas a que colaboremos juntos, Iglesia y gobierno, para que nuestras mujeres en Chihuahua tengan una vida más digna y sean más respetadas.

Tener menos embarazos de adolescentes, acabar con la violencia doméstica, terminar con la trata de personas, evitar que llegue el asesinato de inocentes a Chihuahua a través del aborto, promover el matrimonio y la familia, son algunos de los ideales que tenemos los católicos para nuestra entidad, y estamos dispuestos a seguir colaborando, desde nuestra misión, con todos los actores sociales para conseguirlo.

Pedimos respetuosamente al Instituto Chihuahuense para las Mujeres que no vuelva a cometer la imprudencia de atacar a la Iglesia y a sus sacerdotes, cuando la Iglesia ha sido constructora de civilidad y de respeto a la dignidad humana desde que llegó a estas tierras del norte desde hace más de 350 años.

miércoles, 21 de febrero de 2018

La belleza de vivir en Alianza

La historia de una chica transexual ha circulado en los medios pro-vida esta semana. Se trata de una adolescente de 17 años, cuyos padres fueron obligados por el gobierno de Ohio (EE. UU.) a renunciar a la custodia legal de su hija, luego de que ambos se opusieron a la decisión de la niña de cambiar de sexo para convertirse en varón. A la menor se le diagnosticó disforia de género con depresión y ansiedad. La niña fue llevada a vivir con sus abuelos, quienes dicen ser de mente abierta. Había que alejarla de sus padres conservadores intolerantes al capricho de su hija.

¿Se puede vivir fuera de la alianza con la naturaleza? No por mucho tiempo. Tarde o temprano el orden natural reclamará lo suyo o nos pasará una factura muy costosa. 

Es curioso que el hombre, tan preocupado hoy por consumir productos naturales y orgánicos, por cuidar la ecología y la salud del planeta, por reciclar y no contaminar, se desligue de la ley natural en la que fue creado y quiera vivir de la manera más antinatural, aceptando el divorcio, el adulterio, la pornografía, la homosexualidad y la contracepción; incluso el transexualismo que niega que exista la naturaleza humana.

La cultura se transforma rápidamente. Vivimos tiempos líquidos para los que no existen las verdades ni las mentiras; tiempos en los que se diluyen el bien y el mal. Todo se vale. Lo importante es la conciencia personal y la satisfacción de los propios deseos. Cobra mayor fuerza un mundo en el que no existen los arraigos, las raíces, la familia ni la naturaleza humana. Vivimos en un mundo de individualidades, pero no de alianzas.

La naturaleza humana nos dice que el hombre fue creado para vivir en relaciones de alianza con su naturaleza, con Dios y con los demás. 

A través de la Biblia, cuando Dios quiere establecer relaciones con su pueblo, hace una alianza, y no un contrato. En los contratos se intercambian los bienes, tienen caducidad y se pueden deshacer cuando una parte no está satisfecha. En cambio una alianza es un intercambio de personas: “Tú eres mi pueblo, y yo seré tu Dios”; “yo te acepto a ti como mi esposa”. En una alianza, el hombre se dona a sí mismo a otra persona, y viceversa, en una efusión de vida y amor. Las alianzas, y no los contratos, son las que llevan al hombre hacia su plenitud en un proyecto de vida.

Conocí hace años a Javier y Sofía, una pareja a quienes también asistí en su matrimonio. A ellos les nació un niño con una enfermedad congénita. Fue difícil, sobre todo al principio, cuando tuvieron que trasladarse a El Paso Texas por los tratamientos del bebé, siendo Javier ilegal en Estados Unidos. Tuvieron que recibir apoyo económico de sus familiares y amigos. Esta pareja me permitió ver lo que es la entrega del uno al otro en la alianza matrimonial en circunstancias difíciles. Hoy su niño ha salido adelante y viven más tranquilamente en Ciudad Juárez.

La relación de alianza es una relación de sacrificio centrada en el amor de Dios y en el amor a nuestros hermanos hechos a imagen y semejanza de Dios. 

El amor de alianza no es el amor egoísta y arrogante que promueve nuestra cultura colocando al individuo en el centro de todo, y donde la verdad se puede cambiar para que se acomode a nuestras creencias personales, situaciones y circunstancias.

Hace tiempo conocí a Adalberto, una persona con atracción homosexual que estaba cansado de su vida de relaciones con otros hombres. Las relaciones contrarias a la naturaleza desembocaban en una vida insatisfactoria y en la angustia. Sabía que con otro hombre nunca podría establecer una alianza de amor y de vida. Buscó los orígenes sobre su homosexualidad, fue descubriendo las raíces de su mal y decidió vivir en castidad. No se contentó con eso y quiso ir más allá. Adalberto acude hoy con un psicólogo y lucha por sanar su masculinidad. Su sueño es contraer matrimonio con alguna chica que lo quiera.

A todos Dios nos creó para vivir en alianza: matrimonios, sacerdotes y religiosos, y también a los solteros por su condición bautismal; alianzas de amor y vida que reflejan la imagen de Dios que es amor eterno de tres divinas personas. 
Nuestra alianza con el Señor es la más importante que podemos tener en la vida. Más importante que la alianza con la propia mujer o marido, más importante que la alianza con los hijos. 
Esto por la sencilla razón de que sólo Él nos da la fuerza para querernos, aceptarnos, servirnos y perdonarnos unos a otros. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

El ataque del diablo a la mujer

El sistema educativo hoy es opresivo para muchos niños varones. La escuela mixta trata a todos por igual, ignorando que los niños y las niñas aprenden de manera diferente. Como resultado, los niños permanentemente obtienen más bajas calificaciones que las niñas; son más propensos a reprobar que ellas. Además en Estados Unidos el 77% de los expulsados de las escuelas son niños, y el 76% de los diagnosticados con problemas emocionales son también niños.

Según un estudio de la Universidad de Michigan, el número de niños que dijeron que no les gustaba la escuela creció 71% entre 1980 y 2001. El fracaso escolar parece ser un asunto eminentemente masculino. Hay una crisis de la masculinidad. Las políticas de género que han invadido el sistema educativo están oprimiendo a todo el que tenga energía física, sobre todo a los varones. Hacen todo lo posible por neutralizar la virilidad.

El feminismo radical se empeña por reprimir la agresividad de los varones, cuando sabemos que la psicología masculina está teñida, naturalmente, de espíritu de competencia, de querer ganar, de conquistar el espacio físico, de ser activamente virtuosos. Muchos adultos hombres recordamos los juegos de la infancia; eran juegos de guerras, de luchas y aventuras. Hoy de aquello queda poco y los niños actuales deben aprender lo que es la masculinidad solamente a través del cine. Me decía una madre de familia que ella no permitía que su niño tomara clases de box porque así fomentaba la violencia en él. Pobre niño, pensé; su madre le castra su desarrollo masculino.

Los varones y la mujeres somos creados a imagen de Dios, y cada sexo refleja específicamente una dimensión del ser divino. El varón es reflejo de la vida exterior de Dios, es decir, de esa parte de Dios que sale de sí mismo para crear una multiplicidad de seres. Los genitales masculinos bien pueden simbolizar esta dimensión que sale de sí mismo para crear. Por eso el varón, en su psicología, busca dominar el espacio, hacer un proyecto fuera de su casa, proteger y defender las obras que Dios le dio para administrar.

La mujer, en cambio, es imagen de Dios porque señala la vida interior de Dios. Ella indica el misterio de la comunión eterna de amor y de vida que hay en el seno de la Trinidad. Las mujeres están más proyectadas psicológicamente hacia la vida interior, hacia las relaciones interpersonales para custodiar la comunión y el amor. Recibir y gestar la vida. El mismo aparato genital femenino bien lo señala. El amor de Dios se establece, primero, en el corazón de la mujer. Es ella la que tiene una relación especial con el Espíritu Santo, que el hombre no entiende del todo.

Satanás, narra el capítulo 3 del Génesis, dirigió su ataque, primeramente a Eva, la mujer. El Maligno sembró la duda y la confusión en ella, haciendo que dudara de la autoridad de Dios en su vida: "¿Cómo es que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?”... De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gen 3,1-5). Con estas palabras el diablo distorsionó el mandato del Señor, y a través de la mujer, hirió gravemente a la familia.

El feminismo radical es la prolongación de aquel ataque que la serpiente antigua dirigió a la mujer en el jardín del Edén. Esta ideología feminista está convirtiendo al varón en un mujerujo, en un ser débil y afeminado, de poco carácter, que ante el mandato que Dios le dio de crear, administrar, custodiar su Creación, responde de manera inadecuada. Se nos recrimina la agresividad, se nos dice que somos culpables de haber creado una sociedad hetero-patriarcal corrupta, por el hecho de ser hombres. Y se nos dice que no se nos ocurra intentar avanzar o prosperar porque podemos ser cómplices de esta tiranía que oprime a las mujeres. El resultado es que muchos hombres hoy se sienten desmoralizados, perdidos, sin rumbo ni objetivos, atrapados en vicios y conductas destructivas.

Este nuevo tipo de hombre afeminado que el feminismo radical contribuye a crear, es también perjudicial para las mismas mujeres. Una mujer, lo que en realidad desea, es un hombre de verdad que la quiera y la respete, que sea su líder, que la proteja, se sacrifique por ella y por sus hijos. Ninguna mujer sensata querrá compartir la vida con un medio hombre que huya de los problemas y sea un egoísta, o un inmaduro. Ninguna.

La salida de esa situación es que los varones aprendamos a mirar a Jesucristo -hombre perfecto-, quien ha venido a redimir las relaciones entre el hombre y la mujer. Si Adán no supo ser responsable de la misión que Dios le encomendó, Jesucristo vino a mostrarle que Él venía a llevar adelante el plan del Padre Celestial, hasta entregarse en la Cruz y dar su vida por la esposa. Nuestra misión como maridos, padres y sacerdotes es amar a nuestras esposas como Cristo ama a su Iglesia. Estamos llamados a servir a nuestras familias y comunidades parroquiales como jefes y sacerdotes, como Jesús vino a servir.